El estampado tie-dye tiene el origen más loco que imagines

El LSD, un estanque, el movimiento ‘hippie’ y una brillante estrategia de ‘marketing’ estimularon el viaje sideral de este psicodélico estampado.

Iba Neal Cassady por el desierto de Arizona en 1964, conduciendo un autobús escolar de aire psicodélico, cuando una de las ruedas se hundió en la arena. El vehículo quedó inmovilizado cerca de un estanque. El icono de la Generación Beat estaba de excursión por Estados Unidos buscando The Cool Place junto a Ken Kesey y los Merry Prankster (considerados los primeros hippies de la historia); un grupo tan particular que decidió tomar LSD para matar el tiempo mientras esperaban que alguien acudiera de una vez por todas en su auxilio. 

Habían empezado a meterse en el agua cuando a Kesey se le ocurrió –en plenas subidas y bajadas de viaje alucinógeno– verter unos botecitos de pintura acrílica sobre la superficie. El efecto de los estupefacientes intensificó la visión. Todos se quedaron tan fascinados por el efecto marmoleado que producía la pintura en el agua que sumergieron una camiseta blanca para estamparla. El tie-dye acababa de nacer. Pero no, no, no. No creas que se trata de una leyenda: las imágenes existen. La escena quedó grabada en el documental The Magic Trip, seguida de otro momento donde los protohippies proclaman su autoría sobre el estampado.

Los expertos dirán que eso es mentira, que no es verdad, que en Japón ya hervían flores y hierbas en el siglo VIII para conseguir los tintes del shibori (tan similar, con sus ondas aguadas, al tie-dye), que hay muestras de tejidos con rayas y minúsculos círculos de ese tipo en el Perú precolombino y que en África se emplean estas técnicas desde hace siglos. De hecho, algunos asguran que estas últimas son las que inspiraron la moda pacifista.  

Lo cierto es que los hippies empezaron por vestir telas tribales y folklóricas de segunda mano como una forma de expresar su rechazo el consumo. Luego descubrieron el tie-dye. Decidieron adoptarlo siguiendo el mismo ideal antisistema. Además, lo utilizaban para reciclar las prendas de los uniformes militares. Un poco de tinte textil, un barreño de agua, unas cuerdas por aquí y unos nudos por allá y podían transformar una camiseta anodina en una creación psicodélica. Para cuando llegó el Summer of Love  , en el año 1967, el tie-dye ya era un símbolo de la neonata ideología.

En Estados Unidos, el citado tinte textil era, casi siempre, de la marca Rit. A finales de los años 60, uno de sus empleados de marketing sugirió cambiar el formato: del polvo en cajas pasaron al líquido en botecitos. Con solo estrujar el recipiente el tinte aparecía listo para ser empleado. Fue un golpe maestro que ayudó a propagar el fenómeno. En 1969, Janis Joplin actuó en Woodstock vestida con tie-dye de pies a cabeza, y desde entonces, las masas se contagiaron definitivamente del estampado nacido en un río. 

Lo adoptaron los Rolling Stones y Jimmy Hendrix, pero también el rapero Kanye West, Justin Bieber y un montón de diseños de la última temporada crucero. Por increíble que parezca, como decía Ken Kesey, “todo es verdad, incluso aunque nunca ocurriera”.

FUENTE: MARIE CLAIRE

Las lentejuelas, tendencia este 2021

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Ya sea en formato paillettes, ya sea en formato pedrería, se multiplican en todo tipo de marcas a una velocidad difícil de seguir: vestidos, faldas, algún pantalón osado; zapatos de glitter, detalles en jerséis o en un cárdigan, haciendo un guiño a lo que ya empieza a denominarse partleisure… Las opciones son muy, muy variadas, pero definitivamente las lentejuelas serán tendencia en 2021.

Tras lo acontecido en 2020 y las consecuencias que han tenido sobre la industria de la moda (transformaciones en las cadenas de producción, cancelación de desfiles; búsqueda de nuevos formatos de presentación, cambios en los modos de consumo y vestimenta de la población), 2021 se sigue dibujando como incierto: resulta complicado afirmar con certeza qué sucederá y, pasando al plano de lo social y lo textil, cómo se va a vestir. El aumento de búsqueda de términos como joggers, sudaderas o leggings, unido al creciente tiempo que se pasa en casa (teletrabajo mediante) podría llevar a pensar en una apuesta de productores y compradores por el leisurewear y el loungwear, es decir, prendas cómodas pensadas por y para el hogar. Sin embargo, numerosos diseñadores han encontrado en la moda una vía de escape, que no tiene por qué entenderse como una huida hacia delante: se trata de recuperar la alegría en el vestir y, por qué no, distraerse por un momento de la realidad no siempre agradable que rodea. La idea ya ha empezado a quedar plasmada en lugares como en el portal Lyst, que en su informe anual realiza una predicción muy concreta: “Como respuesta a un año de vestir de chándal y poca ropa de fiesta, nos arreglaremos para celebrar el regreso de la vida social. Se perfila una estética desenfadada a lo años 20, pero en clave moderna: dobladillos cortos, colores vivos, estampados alegres y un sinfín de adornos”. ¿La primera prueba? En la colección de primavera-verano 2021 de Lanvin.

Look de la colección de primavera-verano 2021 de Lanvin.
© Gorunway

La presentación, enfocada al mercado oriental según Anders Christian Madsen para Vogue.com, fue una concatenación casi absoluta de vestidos de fiesta en los que destacaban los cortes a la cadera, los volúmenes casi arquitectónicos y los detalles Art Decó. “Lanvin fue muy fuerte en el período de entreguerras”, contó Bruno Sialelli a la cabecera. “Es interesante observar las oscilaciones entre la década de 1920 y 2020”; reflexión ya barruntada por Prada. Y si hubo algo que caracterizó la indumentaria festiva de aquellos años, o al menos la idea que se tiene actualmente de ella (gracias, El gran Gatsby), fue la opulencia del brillo y las lentejuelas, que en las creaciones con la rúbrica de la casa están en adornos como lazos, escotes y en bordados marinos.

Look de la colección de primavera-verano 2021 de Isabel Marant.
© Gorunway

Las propiedades multicolor que se le pueden atribuir a cierto tipo de lentejuela también han quedado presentes Isabel Marant, que ha dejado que el espíritu disco se haga, una vez más, con buena parte de los minivestidos ajustados con hombros contundentes (incluso cuando son asimétricos), así como de pantalones de acabado metalizado. El color que se erige como leitmotiv es el rosa y todos sus derivados, ofreciendo un descanso al rojo, rey absoluto este invierno. En una versión más pálida, aparece en Loewe, donde las lentejuelas adornan el azul, ofreciendo una nueva alternativa. ¿Y qué pasa con las clásicas lentejuelas plateadas? Que, en realidad, dan paso a otras formas o directamente se transforman en pedrería.

Look de la colección de primavera-verano 2021 de Louis Vuitton.
© Gorunway

Las más tradicionales se quedan en un traje de Louis Vuitton, mientras que en Balenciaga se adueña de los remates lenceros de un vestido, convirtiéndose casi en una cota de malla con ancla en los años noventa. Sin esa inspiración en mente en lo que a formas se refiere pero manteniendo el brillo y la cualidad acuática, ese tejido se agranda en Burberry haciendo que la pedrería se vuelva incluso más visible, alcanzando su máxima expresión en un polo oversized. Una muy similar a la que puede verse en un top de Balmain, donde la forma puntiaguda de los hombros compite con lo rutilante de la tela. En esa misma propuesta de Olivier Rousteing también hubo espacio para el brillo en formato (casi) glitter de otro top combinado con vaqueros, y de la consabida malla formando tanto vestidos drapeados (y de tendencia algo minimalista en su estructura) como monos propios de lo que en su momento fue la gang de Balmain.

Look de la colección de primavera-verano 2021 de Burberry.
© Gorunway
Look de la colección de primavera-verano 2021 de Balmain.
© Gorunway

Quizás esta transición entre un año y otro no sea aquella en la que el pensamiento de engalanarse resulte la tónica dominante. Concedido. Pero puede que el cambio de dígito (¿y de década? ¿Quién recuerda aquel debate sobre cuándo empezaba de verdad?) sea precisamente el momento en el que recordar que cada instante tiene la capacidad de ser tan deslumbrante como esas lentejuelas que llenarán las fantasías visuales de 2021.

FUENTE: VOGUE

De la mochila de Louis Vuitton a la de Chanel: los nuevos bolsos de lujo se llevan a la espalda

La nueva normalidad pide dar prioridad a la comodidad, pero eso no significa que los bolsos pierdan protagonismo. Esta temporada llega el turno de las mochilas ‘it’

Es cierto que los bolsos no viven en estos tiempos su época de mayor esplendor. Y es que con salidas escasas y rápidas como una única fuente de exhibición, todo podría indicar que su momento ha pasado. Sin embargo, aun con todo en su contra, la necesidad de transportar bártulos varios (incluidos gel, mascarillas y demás) sigue siendo -si bien no tan ilusionante como de costumbre- tan real como hasta la fecha.

Todo esto, unido al hecho de que la nueva normalidad ha traído consigo una serie de cambios de paradigma -sí, nos referimos al auge de la comodidad y la utilidad frente a la estética– ha propiciado el caldo de cultivo perfecto para que, lejos de desaparecer, los bolsos más icónicos de todos los tiempos hayan encontrado una nueva forma de continuar siendo auténticos objetos de deseo.

Nos referimos con ello al auge de las mochilas y, en concreto, a las mochilas de lujo. Porque si en el podio de los it bags podemos encontrarnos con referencias tan universales como el Chanel 2.55, el Kelly de Hermès o los Monogram de Louis Vuitton, lo mismo puede ocurrir si lo que buscamos es una opción con dos asas que echarnos a la espalda. Porque todos y cada uno de estos modelos cuentan ya con su propia versión hecha mochila y, la verdad, no se nos ocurre mejor forma de combinar lo mejor de dos mundos.

Así, a clásicos atemporales como los ya mencionados, se unen además otros nuevos iconos como el Faye de Chloé o incluso los bolsos de nylon de Prada. Todos ellos, como ocurre con los anteriores, respetan el diseño original de sus primos hermanos los bolsos (o al menos reproducen detalles clave que nos invitan a asociarlos) pero suben la apuesta incluyendo ese toque extra de comodidad que brindan las dos asas.

Y lo mejor es que aunque en estos tiempos que corren resultan una alternativa perfecta para esas pequeñas escapadas caseras, todo indica que su adaptación a la normalidad una vez que todo pase será tan orgánica como estética. No en vano, prescriptoras de estilo como Marie von Behrens o Lucy Williams ya demostraron en su momento que las mochilas de lujo pueden ser el mejor complemento para elevar nuestros looks más casual o para acompañarnos en esos viajes en los que lo necesitamos todo con nosotras en todo momento, pero no queremos caer en el look turista. Todo, con el upgrade de originalidad que implica decantarse por una de estas versiones. ¿Se puede pedir más?

Mochila Palm Springs de Louis Vuitton

Teniendo en cuenta que Louis Vuitton nació como una firma de baúles de viaje, no sorprende que precisamente el equipaje siga siendo uno de sus fuertes. Su mochila Palm Springs es el ejemplo más claro de ello, ya que además de resultar extremadamente práctica y resistente, su estampado monogram la hace competir en protagonismo con cualquiera de los bolsos de la firma.

© Cortesía de Louis Vuitton

Mochila Faye de Chloé

Y si bien ya hemos hablado en ocasiones anteriores del calado del bolso Faye de Chloé en la cultura pop de las últimas décadas, su versión en mochila es capaz de interpretar lo mejor de su diseño adaptándolo a las necesidades del día a día. O, dicho de otra forma: prepárate para no querer salir sin ella.

© Cortesía de Chloé

Mochila Kelly de Hermès

Hablar de Hermès es hacerlo de la excelencia en marroquinería y, al igual que ocurre con sus bolsos, sus mochilas son probablemente unas de las más lujosas del mundo. El modelo Kelly reproduce el cierre con solapas de otros iconos de la firma y, sobre todo, se erige como una apuesta atemporal capaz de sobrevivir a tendencias al más puro estilo del Kelly.

© Cortesía de Farfetch

Mochila Chanel

Su acabado guateado y sus asas de cadena remiten inevitablemente al clásico 2.55, sin embargo, su diseño es perfecto tanto para llevar a la espalda, como para colgarla del hombro al estilo de nuestros años escolares y, además, existen un sinfín de variaciones vintage del concepto entre las que elegir.

© Cortesía de Reebonz

Pata de gallo: cómo y quién hizo que este estampado se volviera un clásico siempre en tendencia

Siempre de moda, el clásico estampado se recicla cada temporada para acompañarnos en nuestros estilismos más versátiles. Amamos las piezas en blanco y negro pero celebramos los colores que renuevan el tejido que todas queremos usar. En prendas protagonistas o en complementos que destacan nuestro estilo, sí a todo. ¿Qué hizo de este sello simétrico un ícono y cómo lo usamos en modo 2020? ¡Toma nota!

La pata de gallo o pied de poule es una trama que se caracteriza por la repetición simétrica de figuras abstractas de cuatro puntas que se asemeja a la pisada de un gallo, así de simple. Su historia comienza en la factura de los tradiciones tejidos de lana escoceses pero la aristocracia inglesa fue la encargada de popularizarlo. El Príncipe de Gales, hijo de la Reina Victoria, adoptó este tejido transformándolo en sinónimo de la elegancia masculina del siglo XIX. También el Duque de Windsor, conocido como el fashionista de la realeza, lo sumó a su extravagante vestidor en los 30s.

¿Cómo llegó al armario de las mujeres?

Claro que de la mano de la rupturista Cocó Chanel en los dorados años 20 y luego formando parte de la propuesta de Christian Dior en los 50s. Y así, los tejidos de identidad escocesa, comenzaron su trayectoria en la moda femenina transformando la sastrería en las piezas del nuevo lujo.

En la década de los sesenta, la revolución de la moda también habló en pied de poule. El tejido se adaptó a los equipos a go gó combinando suéteres con minifaldas y botas y se ganó un espacio en la bohemia de época. En los setentas fueron las francesas las que presumieron esta trama en ítems básicos que siguen su vigencia hasta el día de hoy.

Pero hablemos de la icónica Lady Di, llevó esta trama en los años ochenta como nadie y le dio el impulso necesario para ser un clásico de la elegancia sin límites de uso o edad. ¿Cómo transformar un equipo básico en blanco y negro en un statement de moda? Diana nos da cátedra con este ejemplo.

¿Cómo lo usamos hoy?

Las pasarelas dieron su veredicto y el tejido de pata de gallo protagonizó las propuestas más candentes de las semanas de la moda. Balmain, con Olivier Rousteing en la dirección creativa, nos recordó que una chaqueta en blanco y negro mezclada con denim puede ser la clave de un equipo apto oficina y por qué no, también apto after office¿Un dato? El cinturón es tu aliado, siempre.

¡A Cocó Chanel seguro le gusta esto!

Más Chanel no se consigue, este equipo es tan tradicional como fabuloso y Virginie Viard lo sabe. La propuesta otoñal de la casa francesa nos invitó a revalorizar los básicos de toda la vida y las piezas en pata de gallo no pueden faltar. Y no lo vamos a negar, a Karl Lagerfeld también le gusta esto.

En versión XL según Gucci

Una monoprenda ajustada por un lazo y realizada en tejido de pata de gallo puede funcionar, pero si el sello es XL te ganas tu lugar en el estrellato del street style y de eso se encarga Alessandro Michelle desde el podio más alto de la etiqueta italiana. Un dato: el shabot también está en tendencia.

Más es definitivamente ¡mejor!

Un traje puede ser nuestra fórmula perfecta, ¿pero qué pasa si salimos de la zona de confort y nos jugamos por una trama protagonista? Nada puede fallar y menos si nos accesorizamos para la ocasión. Sí a jugar con la paleta de colores en versión pata de gallo, elegí la que va con vos.

El abrigo que combina con todo y es para todas

¡Larguísimos! Así se usan los abrigos, cómodos y multifuncionales. El tejido de pata de gallo con sello maxi lo personaliza pero no deja de ser un básico que combina con todo nuestro vestidor, esa es la magia del blanco y negro.

Cuando un complemento marca la diferencia

Este bolso no solo descontractura un equipo bicolor si no que además la contraposición de tramas lo hace aún más sensacional. Es la prueba perfecta de cómo muchas veces un complemento es el look.

El patrón pata de gallo también es apto oficina

Las faldas tubo volvieron con todo, son ideales para combinarlas con nuestras blusas preferidas o los suéteres más comfy de nuestro clóset otoñal. ¿Pero si la versión es en pata de gallo con sellos XXS? No vemos la hora de sumarla a nuestros estilismos, de eso estamos seguras.

¡Cómo decirle que no!

Imaginemos un equipo en total black, cómodo, funcional y accesible, ¡divino! Pero recordemos que nuestro look habla, dice quiénes somos, nos relata. Entonces que diga lo mejor, ese outfit comodín, ese que nos salva en todas, puede ser muy personal con un complemento estrella. Por ejemplo, unos zapatos con esta clásica trama, ¿logró enamorarnos a primera vista? Afirmativo.

Los clásicos siempre son bienvenidos, pero lo mejor de ellos es que nos acompañan a seguir contando nuestra historia y eso siempre estará en tendencia.

FUENTE: VOGUE