Audrey Hepburn y Naomi Campbell ya llevaron el pantalón de cuadros más apetecible del verano

Los cuadros vichy siguen en nuestro armario este verano con estilismos tan irresistibles como los que lucieron ambos iconos de la moda

Pocas prendas gritan “verano” como un pantalón de cuadros vichy. En realidad, este estampado es un sinónimo absoluto del buen tiempo: suena a los vestidos ligeros de nuestra infancia, a picnic en el campo. Y temporada tras temporada, no hay año en el que no aparezca de forma estelar entre las propuestas de las firmas. Buena prueba de que nos encontramos ante un icono inmortal es Naomi Campbell, que en 1990 lució un total look trasladado hasta las gafas. La modelo apostó por entonces por unos pantalones ajustados de vichy rojo con crop-top a juego de la colección primavera 1991 de Alaïa, un estilismo de plena actualidad en 2021 que acompañó con una camisa roja con otro estampado.

Pero si hay una figura a la que podemos vincular con este tipo de cuadros también conocidos (en inglés) como gingham, esa es Audrey Hepburn. La actriz belga apostó en varias ocasiones por ellos, pero se la puede ver especialmente con diferentes pantalones de cuadros: Cecil Beaton la fotografió montando en bici con un conjunto de lo más inspirador formado por bailarinas, camisa blanca, pantalón con cuadros vichy y pañuelo azul a juego. En 1955, Hepburn también fue inmortalizada en compañía de su primer marido, Mel Ferrer, con unos pantalones parecidos a los que luciría Campbell unas décadas más tarde: vichy rojo y top con cuello alto y sin mangas. Ferrer también llevaría vichy, en color negro, para esta estampa en una viña italiana.

Naomi Campbell con un look vichy de la colección primavera 1991 de Alaïa.
© Time & Life Pictures

En la pasarela, el vichy también asoma en las colecciones de primavera. Bathseva ha sido una de las marcas que lo ha incluido en su propuesta, con total looks en diferentes tonos que subrayan ese estilo de aire naíf de sus diseños. En formato pantalón, la compañía neoyorkina ha optado por unos bombachos en color rosa que conjuntaban con un top y un tocado a juego. Hasta los zapatos llevaban este estampado, en azul y en rosa respectivamente. Por su parte, Altuzarra lo ha incluido en su colección crucero de 2021, en formato palazzo. 

Bathseva primavera verano 2021.
Altuzarra crucero 2021

En el resto de tiendas, el pantalón de cuadros vichy sigue estando presente con la misma actualidad que el verano pasado. En Staud puede encontrarse en diferentes colores con una ligera campana, mientras que Zara opta por modelos más rectos, disponibles en tonalidades como el rosa o el malva. Uterqüe por su parte ha incluido un modelo de campana en tonos verdes, uno de los colores tendencia de la primavera, mientras que Mango se decanta por los culottes en el siempre socorrido beige.

FUENTE: VOGUE

Zuecos, el calzado (con más sentido) que se ha adueñado de 2021

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La suela de madera se erige como uno de los rasgos más identificativos y lógicos de lo que vestirán nuestros pies en un año que vuelve a estar marcado por la incertidumbre

O fantasía, o altas dosis de realidad. La eterna dicotomía entre escapismo o minimalismo básico que está marcando la pauta en la moda es un contraste absoluto que se traslada a todos los campos del diseño. Con los zapatos a la cabeza: en un momento en el que los botines UGG se postulan como el calzado más popular según Lyst y hasta las zapatillas de casa son estéticas (con firmas especializadas en ellas), la comodidad es la característica que impera a la hora de estrenar calzado en los tiempos de la nueva normalidad. También lo dejan claro las tendencias de primavera verano: las bailarinas, las flip-flop con plataforma y las slippers son tres de las pruebas de que el normcore ha alcanzado una nueva dimensión en nuestros pies.

Pero si hay una propuesta que trasciende la temporada para hacerse con el 2021, esa es sin duda alguna la de los zuecos. Empecemos por el principio: la primavera pasada, firmas como Marni o McQueen ya propusieron sandalias con la suela de madera. Una apuesta relativamente nicho que partía de los rasgos identificativos del zueco de toda la vida, con base rígida y cubierta de tela o cuero. Miu Miu incluso se decantaba por la versión arty, tallando la madera de sus cuñas. En 2021, este zapato regresa a su diseño más tradicional y purista, destalonada y con remaches metalizados redondos alrededor. Es el tipo de zueco que hemos podido ver en Bally, en Stella McCartney y en Hermès: la firma francesa los catapulta a símbolo de lujo en suave piel de diferentes tonalidades, con una pequeña lengüeta y otra tira de piel que emula la letra H a la altura del empeine. En el sentido opuesto, Louis Vuitton también se remontaba a sus raíces, pero de manera literal: un zueco puntiagudo, basto, como los clásicos de madera holandeses, pero en piel, con tacón y correa, a modo de mary-jane.

Zuecos en Bally, Hermès  Stella McCartney primavera 2021, los más clásicos
Louis Vuitton primavera verano 2021.
Simon Miller y Molly Goddard primavera 2021.

Unos meses antes, Rosetta Getty también se había inspirado en los escandinavos para los que diseñó junto a la marca danesa Ecco, pero en una versión mucho más modernizada. Esa misma estética seguía Proenza Schouler. También Simon Miller, reforzando el aire casi ortopédico de este tipo de calzado gracias a la plataforma plana interna. En el caso de Molly Goddard, sus zuecos flatform se tiñen de colores tan vivos como el fucsia o el verde, en una colaboración única con UGG. Solamente con su presencia en las colecciones de primavera podríamos hablar de uno de los protagonistas en los complementos del año, pero es que a los zuecos todavía les queda cuerda para rato. Las propuestas pre-fall lo dejan claro. Un ejemplo se encuentra en los modelos más feístas, cuernos incluidos, que ha diseñado Matthew Williams para Givenchy. En los puristas, combinados con calcetines, que propone La Double J. Con tacón alto, ya sea en ‘peeptoe’ (Marina Moscone) o abiertos, tipo sandalia (Burberry). Más tipo zapatilla de casa, como los zuecos de Rag & Bone. Ya sean clásicos o modernos y de aire ‘sanitario’, en cuestión de zuecos 2021 se pone a disposición de todos los gustos.

Zuecos en las colecciones pre-fall 2021 de Burberry y Givenchy.

¿Y por qué son los más lógicos de 2021?

Habrá quien diga que esa rígida suela de algunos de madera no es nada cómoda (hay estudios que dejan patente el daño que hicieron los zuecos en los pies de los granjeros holandeses del s. XIX), pero en 2021 los zuecos vienen a ser algo así como la antítesis de todo lo que supone el afilado tacón de aguja. Las antípodas radican más bien en las zapatillas y las slippers antes mencionadas, pero en ese cruce de caminos estético (y en el hartazgo), encontramos una alternativa intermedia que cuenta con el confort de unos y el diseño de otros, por muy feísta que puedan ser consideradas todas sus versiones. Pero no nos referimos solamente a la búsqueda de un tipo de zapato que sea más amigable con los pies como lo podría ser cualquier modelo de Birkenstock. Hablamos también de una tendencia que ha ido tomando el calzado (y en líneas generales, la industria) desde que comenzase el confinamiento. 

El año pasado el ‘cottagecore’ definía perfectamente nuestras ganas de escapar a la naturaleza (idealizada) en un momento en el que nuestra existencia y vida social se reducía a unos metros cuadrados. Ese ansia se ha traducido en la moda en desfiles que han tenido lugar en pleno bosque, en lookbooks fotografiados en la campiña, o en majestuosas villas ubicadas en escenarios campestres. En términos de calzado, las botas de agua (las grandes y bastas, de enfangarse hasta las cejas), o las botas de pescador han acaparado las tiendas como también lo prometen hacer este verano las cangrejeras. Incluso el creciente boom del senderismo al que apuntan colaboraciones estrella como la de Gucci y The North Face con sus botas de montaña. Diferentes tipos de zapatos con un mismo nexo en común: las distintas actividades al aire libre que ahora se traducen estéticamente sobre el asfalto.

Zuecos de Gucci vistos en el street style.
© Edward Berthelot
Caroline Munro, Nikki Ross y Lula vistiendo túnicas y zuecos con plataforma (1972).
© McKeown

El zueco no escapa a ese anhelo por perderse en la naturaleza: en un reportaje titulado ‘Acentos campestres’, la revista Vogue aludía en abril de 1938 a unos ‘zuecos de jardín’, destalonados, en piel y con suela de madera, para acompañar a las novedades en vestidos de campo. Tradicionalmente, estos siempre han sido el calzado humilde de los granjeros, los molineros, la gente que trabajaba en el campo. También el ligado a la indumentaria tradicional de un pueblo, ya sean las famosas geta japonesas o los klompen holandeses (o un híbrido de ambos, como fueron las ‘Wooden Things’ de Famolare). Ese mismo aire folclórico es parte del secreto de su éxito: en 1938 la revista Life se hacía eco del ruido que hacían los novedosos “zapatos de campesina” de las estudiantes del Smith Collage, unos zuecos importados desde Finlandia

A finales de los 60, Time explicaba la fiebre que estaba generando en aquella época los zuecos suecos, aludiendo al éxito de Ulla Olsenius: cuando llegó a Estados Unidos seis años antes (en 1963) como la exclusiva importadora de zuecos de dos de las factorías suecas, encontró que el negocio iba muy despacio. ‘Todos los compradores eran muy simpáticos, pero agitaban sus cabezas’, recordaba la empresaria para la publicación. “Al carecer de almacenes y camiones, Ulla bajó a los muelles de Manhattan, supervisó personalmente la descarga de los zuecos y los vendió (entre 9,50 y 14 dólares el par) en su pequeña tienda, Olofdaughters, en Greenwich Village”, escribía la revista. El primer año solo consiguió pedidos para 5.000 paresEn 1969 tenía contratos con ocho fábricas suecas y vendía unos 23.000 pares de zuecos al mes.

Modelo luciendo look de Anne Klein y zuecos de Olofdaughters (1971).
© Bert Stern

Olofdaughters, cuyos coloridos zuecos llegaron a las páginas de Vogue (y a las vitrinas del MET), fue uno de los ejemplos de los diseñadores escandinavos que contribuyeron a hacer de su calzado folclórico un mainstream que pisaba el asfalto neoyorkino como si de un paraje campestre se tratase. Lo mismo hizo la compañía finlandesa Marimekko, con versiones de los zuecos tradicionales finlandeses. Un fenómeno que a día de hoy se podría equiparar al de Swedish Hasbeens, y que sirvió también para definir el zeitgeist de la época. En una atmósfera tan frívola como políticamente turbulenta, los idealistas hippies de Europa y de Estados Unidos se sintieron atraídos naturalmente por el sueño escandinavo: “Los zuecos, el calzado de los trabajadores en Suecia y Holanda, no solamente se convirtió en moda, sino también en un emblema de la ideología política tolerante. El zueco canalizó la tradición folclórica y romántica de Escandinavia (muy en boga), pero también con una alusión a la sensibilidad ecológica” escribía Paula Reed en The 250 looks that shaped modern fashion. Junto a las plataformas, los zuecos se convirtieron en el calzado identitario de los años 70: eran unisex, evocaban el campo y todo lo relacionado con la naturaleza, además del espíritu folclórico que caló en la década hasta el tuétano. ¿Quién podía resistirse a unos zapatos que cumplían, punto por punto, con todos sus ideales? En 2021 no es que nos imaginemos recolectar verduras del huerto enfundadas en un vestido pastoril de Lirika Matoshi con unos zuecos a juego, pero el idealismo por el estilo de vida nórdico sigue ahí. Aunque los conocemos desde hace años, seguimos obsesionados por lo cozy del hygge y la vida al aire libre del friluftsliv. Y los zuecos parecen un buen básico para hacerlos realidad.

Las ‘Wooden Things’ de Famolare evocaban en los años 70 el concepto de zueco de dos culturas diferentes: las ‘geta’ japonesas y el calzado de madera tradicional holandés.

Además de servir a un ideal, el zueco también es el calzado por antonomasia en tiempos de necesidad. Aunque en un principio la suela de corcho y madera se relacionó con la vestimenta más informal del verano y la playa, son los materiales que se usaron cuando no hubo dónde elegir tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La producción de los fabricantes de zapatos y botas se destinaba al calzado bélico, lo que se tradujo en una escasez de material para los zapatos de los civiles. Especialmente el cuero y el caucho, producido en el sudeste asiático, controlado en aquel momento por Japón. Las carencias se tradujeron en un periodo de racionamiento en el que todo funcionaba a través de cupones: en Reino Unido, un calzado de mujer suponía sacrificar cinco cupones, los de un hombre, siete. En Estados Unidos, donde el racionamiento se hizo efectivo en 1943, el programa tuvo un efecto rebote: como la locura por el papel higiénico o la levadura el año pasado, el New York Times se quejaba en junio de 1943 que la escasez se había convertido “en la mayor orgía por comprar zapatos en la historia de la nación”. La gente, temerosa de que se les expirase un cupón sin usar, acababa por comprar zapatos que en realidad no necesitaba.

Curiosidades aparte, a partir de la primavera de 1941 se les pidió a los fabricantes de zapatos en Francia que produjesen diseños para tipos de zapatos que no fuesen carne del racionamiento. Para mitigar la falta de cuero, se empezaron a usar de manera generalizada las suelas de madera. Andar con ellas era un problema: resultaban muy ruidosas y al ser tan rígidas, el paso era oscilante. Las bisagras que se intentaron añadir no solucionaron el problema, ya que las piedras se quedaban enganchadas. Perugia fue uno de los primeros en intentar una flexible, un hito que consiguió la compañía Heyraud. Para la parte superior se utilizaban todo tipo de materiales: cuero artificial, algodón encerado, fieltro tejido, paja, ratán… En invierno, los zapatos eran como zuecos con suela de madera también iban forrados de pelo, para abrigar. Como sucedería unas cuantas décadas más tarde con el zueco escandinavo, el zapato bávaro tradicional, el Haferlschuh, serviría de inspiración para una versión muy extendida, con cordones laterales y coloridos ribetes a contraste.

Aunque (afortunadamente) la situación no es comparable con la actualidad, 2020 volvió a traer a la palestra en numerosas ocasiones la capacidad de resiliencia de la moda y los esfuerzos que hizo entonces y ha hecho para seguir adelante. Combatir la austeridad a golpe de creatividad ha sido una de las máximas del sector. Y en tiempos de incertidumbre, fuese en mitad de la Segunda Guerra Mundial o en todas las crisis económicas y escándalos políticos de los convulsos años 70, los zuecos han sido testigos  en primera línea como lo están siendo los sanitarios de goma. Qué curioso que, en plena pandemia, su historia vuelva a repetirse, y este calzado sea, a efectos de búsquedas, uno de los más deseados del momento.

Modelo posando en 1970 con un crop top con capucha, calcetines y zuecos.
© Reg Lancaster
Modelo vistiendo chaqueta de cuadros de Ralph Lauren con chaleco de lana de Calvin Klein, calcetines hasta la rodilla y zuecos marrones (1976).
© Arthur Elgort

FUENTE: VOGUE

Cómo llevar rosa: el manual (de pasarela) actualizado de la primavera-verano 2021

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Cómo llevar rosa será, para algunos, una tarea tan sencilla que ni siquiera merece consideración. Sin embargo, para otras personas, el escoger ese color que encierra toda la intención del rojo y la pureza del blanco es una declaración de intenciones estética que sitúa lejos de la funcionalidad y cerca de la fuerza que contiene la inocencia. Porque no, que sea un color asociado a lo dulce no le resta ni un ápice de brío, ni siquiera cuando el eléctrico fucsia da paso a otras tonalidades más pastel. Esas dos, junto con todos los matices que se pueden encontrar entre los extremos, y entre el que destaca el rosa chicle, han podido encontrarse de manera (casi) unánime en las pasarelas, convirtiéndose de inmediato en una de las grandes tendencias de primavera-verano 2021.

Las apariciones del color han sido tan numerosas que puede ser difícil incluso contabilizarlas: parece que no ha quedado propuesta sin salpicar, ya sea en piezas concretas, como faldas o camisas, ya sea en formato total look, tanto a través de trajes de chaqueta como de vestidos, una de las prendas más destacadas a la hora de crear con telas en color rosa. Pero incluso ahí hay variantes que escriben el nuevo manual sobre cómo llevar rosa, uno en el que importan, y mucho, los detalles.

En una camisa ‘oversized’

Aunque las camisas suelen preferir colores alineados con lo neutro, esto es, blancas y celestes (que a veces se combinan en las consabidas camisas de rayas de inspiración masculina), Pierpaolo Piccioli incluyó una en un rosa rutilante en la colección de primavera-verano 2021 de Valentino. El color no es extraño en las creaciones del italiano, ya que lo usó como vertebrador de su primera propuesta para la casa y, desde entonces, ha ido incluyéndolo en prácticamente todas sus temporadas. El tono aquí (con permiso de un vestido fucsia) es magnético y se ve compensado gracias a la simplicidad de las líneas amplias, en un patrón holgado y sencillo que actúa como contrapunto. 

En unos vaqueros

No se trata de la apuesta más obvia, pero quizás por eso es una de las más atrayentes de la temporada: dejar que el rosa tiña unos pantalones vaqueros. Aunque es complicado renunciar al sempiterno azul, los jeans blancos y negros ya enseñaron, en su momento, que el denim puede tener más vidas cromáticas. Si en Isabel Marant son pastel, en Chanel adquieren el tono de una golosina para traer de vuelta, una vez más, la década de los 80. ¿Las claves? Una hechura que no oprima las piernas y un efecto lavado estratégico (especialmente visible en las costuras).

En un vestido camisero XL

Si hay una firma y un director creativo al que mencionar cuando se trata de hablar de la nueva teatralidad, es Christopher John Rogers. Co altas dosis de brillo y sin miedo a las combinaciones de color, el diseñador estadounidense se ha posicionado rápidamente como uno de los nombres favoritos de los insiders y celebridades entre las que se encuentran, por ejemplo, Michelle Obama. Para su primavera-verano 2021 ha vuelto a rendirse a los estampados y los tonos vibrantes, pero resulta imposible obviar el vestido XL de corte camisero en tono rosa con, ojo, pantalones a juego. La estrategia es similar a la de las piezas anteriores, es decir, dejar que sea el color el protagonista al optar por líneas sencillas. El punto de diferencia lo ponen detalles como bolsillos y trabillas que añaden crudeza.

En un cárdigan

El punto es un tejido que si bien en los últimos años había ido adquiriendo una posición privilegiada en los armarios, en los últimos meses ha ocupado un lugar central. Tanto, que incluso las prendas más tradicionales que puede conformar, como son el jersey o el cárdigan, también son objeto de renovación gracias, principalmente, al color. Es por eso que firmas como Miu Miu han escogido el rosa para teñir una rebeca de inspiración deportiva, mientras que Cecilie Bahnsen suben la apuesta tonal  al tiempo que se adhieren a un patrón más tradicional. No hay que pasar por alto el hecho de combinarlo con otro tipo de rosa y de tejido más ligero para crear tensión entre opuestos.

En un vestido ‘boho’

Asociar el boho renovado, con un punto arty, a una firma como Chloé no es nada nuevo (las diferentes directoras creativas así lo han ido perfilando a lo largo de los años), pero sí puede considerarse como tal el que esa estética tan íntimamente ligada al blanco y los colores claros dé un giro hacia el rosa medio. Aquí, la aparente sencillez del vestido recto queda rematada por un pequeño plisado lateral y detalles de encaje floral, demostrando que el rosa tiene vida más allá de los tejidos uniformes.

En formato ‘total look’

A pesar de que el rosa que ha predominado en los desfiles de primavera tiene matices azules que lo colocan en la categoría de color frío (o al menos tendente a), también se han podido ver tonalidades más cálidas, como este rosa casi melocotón que se hizo protagonista en Prada gracias a un total look. De la camisa al pantalón de traje, pasando por el abrigo que dejaba los hombros al descubierto, nada escapa de ese color, salvo los accesorios; detalle a apuntar a la hora de combinar el rosa de manera diferente: con celeste y blanco.

En un vestido romántico

Decir rosa y vestido romántico en la misma frase supone una de esas redundancias en las que es un placer caer, y así volvió a quedar demostrado en, por ejemplo, la colección de Erdem. Tratándose de una de las casas que ha hecho del Romanticismo (en su concepción más literal) una estética relevante de nuevo, no es extraño que las mangas abullonadas y los largos hasta el suelo convivan con lazos, flores y altas dosis de delicadeza que se cristalizan tanto en colores brillantemente suaves como en bordados que los salpican. Conclusión: no hay que tenerle miedo a este dúo.

En un traje de chaqueta

El auge de la sastrería y su descontextualización ha ido provocando que las telas en las que se han cortado los trajes de chaqueta se desprendan del sambenito de lo serio para explorar otros territorios y colores, entre los que suelen destacar los pastel. Sin embargo, la apuesta de Olivier Rousteing para Balmain incluye en primavera el rosa neón para trajes estilizados de pantalones ajustados y hombros picudos que redefine, de nuevo, el power dressing.

En un vestido deconstruido

Al igual que la redundancia funciona, los opuestos, también. En este look de Philosophy di Lorenzo Serafini pueden encontrarse ambas ideas gracias a la combinación del tul con el rosa pastel, con los volúmenes y el escote off the shoulders que deja una sensación relajada y casi deconstruida. Eso, y el añadido de las botas de agua, claro.

En un vestido de verano

Es obvio, pero no por ello menos merecedor de ser reseñado. ¿Que cómo es ese vestido de verano destinado a llenarse de ese rosa rotundo? Como el de Roksanda: de manga corta, falda larga y silueta relajada enmarcada por detalles sencillos multicolor. 

FUENTE: VOGUE

Los 13 momentos que cambiaron la historia de la moda

Las 27 ediciones de Vogue se unen para abordar el tema de la creatividad en su edición ‘Creativity’. Rendimos homenaje a los deslumbrantes talentos que vieron el futuro de la moda y lo hicieron realidad.

El reto: describir el papel que han tenido las mentes más creativas de la historia de la moda en los avances culturales del pasado siglo sin utilizar adjetivos como revolucionariopionero o rompedor.

A todas nos suenan los grandes nombres —Coco Chanel, Elsa Schiaparelli, Christian Dior, Yves Saint Laurent, Karl Lagerfeld, Miuccia Prada, Rei Kawakubo—, las primeras espadas en la cima del diseño que han cambiado nuestra manera de ver el mundo, pero ¿cuándo exactamente tuvieron lugar esos saltos de creatividad? ¿Cómo pasaron por encima de las convenciones sociales? ¿A quién le sentó mal en el momento?

Ahora que las 27 ediciones de Vogue de todo el mundo nos unimos para abordar el tema de la creatividad, rendimos homenaje a las mentes revolucionarias y pioneras que cambiaron las reglas del juego al ser capaces de ver el futuro y hacerlo realidad. Estos son los 13 momentos que cambiaron la historia de la moda para siempre.

Denise Poiret en 1919
© Photo by Keystone-France/Gamma-Keystone vía Getty Images.

1911: Paul Poiret, el ‘Rey de la Moda’ y el nacimiento del editorial de moda

“Más que cualquier otro diseñador del siglo XX, Paul Poiret llevó la moda al estatus de forma de expresión artística”, reza la descripción de la exposición del Metropolitan Museum of Arts a propósito de la radical creatividad del modisto parisino. La exposición de 2007 del Instituto del Traje del MET en honor a sus creaciones llevó un título muy acertado: Paul Poiret, The King of Fashion [Paul Poiret, el Rey de la Moda]. Su reino fue de lo más revolucionario.

La comediante francesa Cora Laparcerie  (1875-1951)  en 1913, interpretando a Myriem en la obra “Le Minaret”, de  Jacques Richepin (traje de Paul Poiret).  
© Apic/Getty Images

Cuando no estaba organizando decadentes bailes de sociedad como manera ingeniosa de lucir sus últimos diseños ante su acaudalada clientela, se entretenía con corsés, atendiendo a embajadoras de la flor y nata de la sociedad —como la actriz de teatro francesa Gabrielle Réjane. A su vez, fue el primer modisto en lanzar una línea de perfumes. El hito que cambiaría el rostro de la moda para siempre llegó en 1911, cuando el fotógrafo de Bellas Artes Edward Steichen retrató los diseños de Poiret para el número de abril de la revista Art et Décoration. Se considera uno de los primeros editoriales de moda.

Portada de Vogue USA de julio de 1932. 
© Edward Steichen/Condé Nast vía Getty Images

Más tarde, en 1932, Steichen sería el encargado de hacer la primera portada a color de Vogue Estados Unidos, donde vemos a una modelo con traje de baño ejercitándose con un cielo azulón de fondo para el número de julio de la revista. El crac del 29 obligaría a Poiret a bajar la persiana, pero su perenne legado creativo se conservó como hoja de ruta para construir la industria multimillonaria que estaba a punto de  emerger.

Ilustración de Vogue de 1926.
©  Condé Nast vía Getty Images.

1926: el vestidito negro de Coco Chanel se presenta en sociedad en el número de octubre de Vogue

“Maldita sea, ¡a todas esas mujeres, anda si las voy a vestir de negro!”, fueron las célebres palabras de la siempre iconoclasta Coco Chanel. El resultado fue el vestidito negro, un diseño que tipificaba las intenciones igualitarias de Chanel y que se presentó al mundo a través de una ilustración de Vogue Estados Unidos. En la ilustración vemos un vestido negro por la rodilla y de manga larga. La silueta es recatada, incluso conservadora para los estándares presentes. Sin embargo, si pensamos que corría el año 1926, aquel vestido encarnó el espíritu liberal de los locos años veinte. Chanel le había dado una vuelta de tuerca a la convención y la clase social, por ejemplo, para que las prendas negras no solo fuesen el uniforme de las sirvientas y de los funerales. Un paso que se convirtió en clave para su éxito.

Fotografía de Cecil Beaton para Vogue (1937).
© Cecil Beaton/Condé Nast vía Getty Images

Los años treinta: Elsa Schiaparelli abandera las colaboraciones artísticas, el humor y el ingenio

La diseñadora italiana que hizo que la moda fuera inseparable de uno de los grandes movimientos artísticos del siglo XX, el surrealismo —el mejor ejemplo sería su ‘vestido langosta’ de 1937, una colaboración con Salvador Dalí—, empezó con algo más utilitario y deportivo, el punto. “Durante la guerra, no todo giraba en torno al glamur. Hacía cosas para Hollywood, pero también ropa deportiva”, le decía la nieta de Schiaparelli Marisa Berenson a Suzy Menkes en 2003. En medio de las prohibiciones de la Ley Seca, la diseñadora se valió de su ingenio y agudeza como diseñadora con resultados asombrosos. Por ejemplo, como recuerda Berenson, con “aquel vestido para ocultar una petaca de whisky”.

Modelo con un vestido escotado de Dior en 1947. 
© Nina Leen/The LIFE Picture Collection vía Getty Images

1947: Christian Dior presenta el ‘New Look’ (y todas las mujeres lo quieren)

Una no puede sino imaginarse que Dior sabía que algo muy grande estaba a punto de suceder cuando, el 12 de febrero de 1947, se preparaba para presentar su primera colección. La historia recuerda los noventa diseños que conformaron la colección de alta costura primavera-verano 1947, un desfile que permanecerá para siempre en la memoria como uno de los grandes debuts de la moda y que se recordará, simple y llanamente, como el New Look

El modisto, que había fundado su atelier en el 30 de la avenue Montaigne de París unas semanas antes, en diciembre de 1946, concibió un nuevo comienzo para las mujeres de todo el mundo que levantara los ánimos, y marcó terreno frente a la austeridad de la Segunda Guerra Mundial con una silueta que se recreaba en la feminidad y celebraba las proporciones de la mujer: la falda generosamente abombada, cinturilla de avispa y hombros definidos con un corte elegante. El pistoletazo de salida de una nueva era.

Vogue, abril de 1947: modelo con traje de Dior compuesto de chaqueta clara de seda tusá acolchada en la cadera y entallada en la cintura; falda larga y plisada de punto; y sombrero de ala ancha.
© Serge Balkin/Condé Nast vía Getty Images

1954: Karl Lagerfeld inicia su carrera como ayudante de Pierre Balmain

Décadas antes de que Karl Lagerfeld consiguiera el rango de káiser a las riendas de Chanel, en 1983, el joven diseñador aprendió los rudimentos del oficio a la sombra de Pierre Balmain, el arquitecto reconvertido en maestro de la moda cuyos diseños, según Diana Vreeland eran “la quintaesencia de la alta costura”. Para Lagerfeld, el atelier de Balmain tuvo que suponer una invitación de lo más estimulante a colarse en un torbellino creativo donde parte de sus tareas diarias eran vestir a estrellas como una futura sensación internacional del séptimo arte, Brigitte Bardot.

París, 14 de diciembre de 1954: Karl Lagerfeld tras ganar en la categoría de abrigos de un concurso de diseño patrocinado por el Secretariado Internacional de la Lana. Con él, la modelo que lleva su diseño. Su victoria le llevó a que lo contrataran en el atelier de Pierre Balmain. 
©  Keystone/Hulton Archive/Getty Images

1961: Roy Halston Frowick diseña el sombrero pillbox que Jackie Kennedy lleva en la jura del cargo de su marido

El sombrerero del Medio Oeste que se hizo un nombre en Bergdorf Goodman (Nueva York) se convirtió en uno de los grandes de la industria gracias a una clienta de altísimo copete. Mientras el mundo observaba a J. F. Kennedy jurar el cargo, su mujer, Jackie Kennedy fue coronada con el estatus de icono cultural internacional.

Halston combinó el diseño del sombrero con un abrigo de color azul bebé del aristócrata Oleg Cassini —un estilismo muy “limpio” pensado para darle un aspecto moderno a la primera dama—. Las miradas que seguían la ceremonia desde diferentes rincones del mundo repararon en el sombrero, un diseño harto sencillo que Kennedy, sin querer, abolló durante la ceremonia al protegerse del viento. “Las mujeres que lo copiaban, lo abollaban un poco”, apuntaba Halston, que, ocho años más tarde, en 1969, fundó su casa de modas homónima y se convirtió en el diseñador oficioso de la era de Studio 54 gracias a sus diseños ultralujosos y lánguidos.

Washington D.C., enero de 1961: John F. Kennedy y su mujer, Jackie, saliendo hacia la jura del cargo, en la Casa Blanca. Fotografía: Bettmann
© Bettmann/Getty Images

1966: Yves Saint Laurent difumina las fronteras del género

El look estrella de la colección otoño-invierno 1966/67, ‘Le Smoking’, fue el primer esmoquin diseñado específicamente para mujeres; se inspiró en el traje de corbata negra que llevó la artista Niki de Saint Phalle.

El nombre le viene por las solapas de seda de la chaqueta, que permiten que la ceniza de los cigarrillos de después de cenar pueda sacudirse con facilidad. En muchos sentidos, 1966 parece sorprendentemente tarde para un hito como este. Al fin y al cabo, también fue el año en que las faldas subieron hasta mitad del muslo —seña de identidad del estilo mod—, cuando las adolescentes de zonas bien y veinteañeras aficionadas a la moda adoptaron e imitaron las minifaldas de Mary Quant. Incluso con el ambiente progresista de los años sesenta, el esmoquin femenino siguió siendo un rito de paso de la orilla izquierda del Sena, perfecto para los diseños que rayan en lo andrógino del ingenioso Saint Laurent. Tres décadas antes, en 1933, el jefe de policía de París había amenazado con arrestar a la actriz Marlene Dietrich por atreverse a llevar un traje de hombre

París, 15 de febrero de 1967: chaqueta formal de alpaca, blusa jabot y pajarita de seda negra para la colección de alta costura primavera-verano 1967 de Yves Saint Laurent. 
© TAFF/AFP vía Getty Image

1974: Beverly Johnson se convierte en la primera modelo negra en protagonizar una portada de Vogue Estados Unidos

“No suele haber virajes de suficiente calado como para que cuestionen el statu quo, pero en 1974, Beverly Johnson protagonizó la portada del número de agosto de Vogue Estados Unidos, y fue un hito. Había costado ochenta años, pero, por fin, una persona racializada copaba la primera plana de la revista de moda más importante del mundo”, escribió Janelle Okwodu, de Vogue, en 2016.

Decir que Johnson había sufrido el rechazo de una industria en la que la discriminación racial campaba a sus anchas es quedarse muy cortas. Esa experiencia le dio alas a su labor como activista y defensora de los derechos civiles. “El sueño de toda modelo es estar en la portada de Vogue”, le dijo Johnson a la CNN. “Cuando haces una portada de Vogue, has llegado a la cima. Luego me di cuenta de que era la primera persona racializada que había conseguido una primera plana y todo lo que implicaba, me quedé pensando, ‘madre mía, esto es muy gordo’”.

Agosto de 1974: Beverly Johnson, la primera mujer negra en protagonizar una portada de Vogue.
© Francesco Scavullo/Condé Nast

1976: Calvin Klein se convierte en el primer diseñador que sube unos vaqueros a la pasarela

Hoy en día llamaríamos a su apuesta “tomarle el pulso a los tiempos”: subió unos vaqueros de diario a la pasarela. Sus tejanos, sin duda, le valieron un imperio internacional, que creció gracias a una de las campañas publicitarias más provocadoras del siglo XX, pero si nos fijamos más detenidamente, aquellos primeros vaqueros de Klein de los años setenta nos dejan ver su genialidad: llevaban su nombre en una etiqueta cosida al bolsillo trasero.

1976: Patti Hansen en una campaña de Calvin Klein.
© D.R.

1978: Miuccia Prada asume el mando del negocio familiar de accesorios de lujo

La nieta pequeña de Mario Prada tuvo planes visionarios para el negocio familiar milanés. Prada presentó sus primeras colecciones de prêt-à-porter en la temporada de otoño-invierno 1988/89, un desfile con siluetas llenas de gracilidad y actitud.

“No soy diseñadora de moda, soy quien soy”se rumorea que les espetó a las voces críticas dentro de la propia empresa. También confesó su punto débil creativo. “Me encanta colocarme entre desagradar a cierta gente e intrigar a todo el mundo. Hacer algo normal, pero que tenga un aspecto profundamente extraño”.

1994: la diseñadora italiana Miuccia Prada ajustándole un vestido a la modelo francoitaliana Carla Bruni.
© Vittoriano Rastelli/Corbis vía Getty Images

1982: Rei Kawakubo causa sensación en la Semana de la Moda de París

“En 1981, cuando Rei Kawakubo empezó a presentar sus colecciones para Comme des Garçons en París, ya tenía un séquito muy fiel, conocido como ‘los cuervos’”, escribió Laird Borrelli-Persson, de Vogueen 2017. Su exploración artística del negro fue una seña de identidad de su estilo y del de sus primeras seguidoras (que no le faltaban). Si los ochenta fueron los años de los excesos de Wall Street, el thatcherismo y los trajes llamativos con aura de poder, la labor más instintiva de Kawakubo funcionó como contrapunto. No tardó en correrse la voz por los salones dorados de la Semana de la Moda de París.

1995: desfile de prêt-à-porter de primavera de  Comme des Garçon.
© Guy Marineau/Condé Nast vía Getty Images

Desde que empezó a trabajar en la moda, en los años setenta, el objetivo de Kawakubo fue diseñar para una mujer “a la que no le influye lo que piensa su marido”. No tuvo formación reglada en moda, como se apuntaba en el perfil que le hizo Judith Thurman para The New York Times en 2005, una gran ventaja para fundar una de las casas de moda de vanguardia más veneradas del mundo. “A menudo dice que agradece no haber pasado por la escuela de moda o haber sido aprendiza, porque, al fin y al cabo, aunque no sepa coser o cortar un patrón, no tenía preconcepciones que desaprender ni maestro al que superar”.

1992: desfile de graduación de la CSM de Alexander McQueen.
© Condé Nast Archive

1992: Alexander McQueen se gradúa de la Central Saint Martins

El prodigioso talento de McQueen para la narración mitologizada ya funcionaba a pleno rendimiento al terminar su colección de graduación de la CSM, en 1992. El diseñador, que había perfeccionado su destreza como aprendiz en Savile Row, tituló su trabajo de final de estudios Jack the Ripper Stalks His Victims [Jack el destripador acecha a sus víctimas].

La colección, que se presentó en un desfile colectivo junto con la de sus compañeros, le dio un empujón muy personal a la noción de la “heroína”. Algunas prendas hasta se adornaron con pelo humano entre las capas de tela. “La inspiración para el asunto del pelo viene de la época victoriana, cuando las prostitutas vendían el suyo para guardapelos; la gente lo compraba para dárselo a sus amantes”, revelaba McQueen en una entrevista de 1997 para Time Out. “Era mi seña de identidad, un mechón enmarcado. En las primeras colecciones, era pelo mío”.

Perry Ellis, primavera de 1993.
© Conde Nast Archive

1992: Marc Jacobs y su dosis de realidad para la pasarela

El espíritu carismáticamente rebelde de Jacobs tenía la suficiente potencia para que lo contrataran y lo echaran de la marca de ropa deportiva estadounidense Perry Ellis a principios de los años noventa. No estaban preparados para el célebre desfile “grunge” de primavera-verano 1993 del diseñador, pero ¿quién lo estaba?

Cuadros, juegos de proporciones y siluetas que apuntaban a lo vintage refinado —minivestidos babydoll o vestidos lenceros de aire antiguo— estaban a punto de convertirse en básicos de la pasarela neoyorquina, donde, igual que en la música, se asistía a un cambio de guardia. En menos de media hora, Jacobs había desafiado a la moda más elitista ofreciendo una apuesta completamente accesible que reflejaba el movimiento juvenil universal que estaba en su momento álgido.

FUENTE: VOGUE

Los zapatos de primavera-verano 2021 que serán tendencia

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Los zapatos de primavera-verano 2021 se caracterizan especialmente por su comodidad: de los diseños planos con plataforma –las flatforms, inspiradas en los 90 o en clave artesanal– a la reinterpretación más confortable de las chanclas de toda la vida –las chunky flip flops, bautizadas así por su suela gruesa–, pasando por las versiones sofisticadas de las slippers o zapatillas para estar en casa –con las furry slides a la cabeza–, está claro que las tendencias de la próxima temporada en materia de calzado también reflejan ese viraje generalizado hacia el confort. Una macrotendencia que también se deja entrever en la continuación de la apuesta por los kitten heels, el tacón más sensato por el que abogan Raf Simons y Miuccia Prada; en la ubicuidad de las bailarinas –mezcladas con gorras, como propone Hedi Slimane en Celine– o la consolidación de los zuecos, el calzado nicho preferido de las expertas en moda que va más allá de los diseños tradicionales.  

Pero también hay espacio para las sandalias que triunfan verano tras verano, las de vocación artesanal, y para ciertas novedades como las de dedo de múltiples tiras que se complican hasta dar con las del debut de Matthew Williams en Givenchy, un diseño que divide en tres secciones los dedos del pie y que viene acompañado de unos calcetines ad hoc. Los salones de vocación clásica con tobillera y los modelos con apliques de eslabones, un detalle que viene de la temporada anterior, también están incluidos en este resumen (visual) de todos los zapatos de primavera-verano 2021 que serán tendencia.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Givenchy, Balenciaga, Gabriela Hearst, Molly Goddard, Coach, Proenza Schouler, Rosetta Getty y Celine.
© Gorunway.com

Los ‘slippers’ o zapatillas de estar en casa

No importa si tienen la silueta de las clásicas slides –como en el caso de Givenchy– o si llegan en forma de babucha y sucedáneos, las sandalias más cómodas y de tendencia de la temporada son, consecuencia de la pandemia, una versión sofisticada de los slippers o zapatillas de estar en casa. Ya sean de acabado furry como en Balenciaga, Celine, Molly Goddard  o Coach; de tejido trenzado como en Rosetta Getty y Gabriela Hearst o acolchadas como en Proenza Schouler, la clave está en su textura.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Altuzarra, Tod’s, Ulla Johnson, Versace, Gabriela Hearst y Simone Rocha. © Gorunway.com

Las ‘flatforms’

Tan cómodas como unas sandalias planas pero con varios centímetros de altura gracias a la plataforma, las flatforms serán las sandalias más buscadas de la primavera gracias a su comodidad y a su capacidad para estilizar la silueta. Encontrarás diseños de inspiración artesanal como en Altuzarra, Tod’s, Ulla Johnson y Gabriela Hearst; o muy noventeras como las de Versace y Simone Rocha –con eslabones o apliques de perlas respectivamente–. 

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Baum und Pferdgarten, Sportmax, Acne Studios, Givenchy y Khaite. © Gorunway.com

Las sandalias de dedo

A pesar de tratarse de la temporada más calurosa del año, no son pocas las firmas que han apostado por nuevas versiones sofisticadas de las sandalias de dedo llevadas sobre medias o calcetines. La clave de su reinvención, sin embargo, está en las tiras que rodean el pie: clásicas y atadas al tobillo como en Baum und Pferdgarten y Sportmax; con doble tira como las de Acne Studios; con triple tira pero, en este caso, recogiendo todos los dedos del pie como las de Givenchy o, simplemente, sobre los dedos y el empeine como las de Khaite.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Marina Moscone, Simone Rocha, Rag & Bone, Celine y Dior. © Gorunway.com

Las bailarinas

No solo de sandalias vive la temporada de primavera-verano: con permiso de los mocasines y de algunos diseños de cordones, las bailarinas son el zapato cerrado más deseado de la próxima estación. Además de la opción clásica de piel que propone Hedi Slimane para Celine –los estilismos son la clave para renovarlas–, existen otras versiones más sofisticadas: del modelo calado de Dior a las rosas satinadas e inspiradas en el ballet de Simone Rocha y Rag & Bone, pasando por las de apliques de Marina Moscone.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Simon Miller, Molly Goddard, Stella McCartney, Rag & Bone, Hermès y Bally. © Gorunway.com

Los zuecos

Lleva varias temporadas siendo una de las tendencias nicho en materia de calzado que más triunfa entre las expertas en moda así que no es de extrañar que los zuecos estén entre los zapatos de la primavera. Ahora bien, sin olvidar las opciones más tradicionales de cuero y ante con remaches vistas en Rag & Bone, Hermès, Bally y Stella McCartney; la gran novedad son las versiones tipo flatform de Simon Miller y Molly Goddard.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Miu Miu, Victoria Beckham, Prada, Tod’s, Valentino y Versace. © Gorunway.com

Los ‘kitten heels’

Los kitten heels que triunfaron sobre las pasarelas del otoño regresan en primavera en su faceta más estival gracias a originales diseños tipo mule de tonalidades vibrantes. Además de la nueva versión de las míticas Rockstud de Valentino, caben destacar el diseño de nylon con silueta dieciochesca de Prada, los que son un híbrido de unas zapatillas de fútbol de Miu Miu, los de eslabones de Victoria Beckham, los de piel arrugada de Versace o los de efecto cocodrilo con tacón transparente de Tod’s.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Coperni, Kenzo, Jacquemus y Stella McCartney. © Gorunway.com

Las ‘chunky flip flops’

Otro alegato a la comodidad son las chanclas con suela gruesa de la primavera, un diseño que hemos bautizado como chunky flip flops. Ya sean noventeras y con plataforma como en Coperni, con tiras de piel como en Jacquemus, de goma como en Kenzo o más clásicas como las de Stella McCartney, los estilismos sobre la pasarela sugieren que también las llevarás fuera del entorno de playa.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Altuzarra, Dior, Alberta Ferretti, Rosetta Getty y Nanushka. © Gorunway.com

Las sandalias artesanales

Las sandalias de vocación artesanal son otra de las grandes tendencias en calzado de la temporada. Sin dejar de lado su común denominador, siempre hechas en materiales naturales y de tejido trenzado, las siluetas varían de las babuchas de Nanushka a las slides de Rosetta Getty, pasando por las flatforms de Altuzarra o las planas con tiras de Dior y Alberta Ferretti.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Max Mara, Nina Ricci, Jacquemus, Vivienne Westwood y Dries Van Noten. © Gorunway.com

Los salones con tobillera

Aunque la temporada está marcada por el calzado cómodo, no podía faltar un pequeño guiño a los salones clásicos. Ante la duda sobre en qué zapato de tacón invertir esta primavera, te resolvemos las dudas: que sean con tobillera. Aunque Jacquemus y Nina Ricci proponen versiones de puntera fina y en blanco prístino, también existen las bicolor de Dries Van Noten, las negras y con tobillera triple de Max Mara o las rojas y de punta redondeada tipo Dorothy de Vivienne Westwood.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Victoria Beckham, Tom Ford, Versace y Givenchy. © Gorunway.com

Los diseños con eslabones

Si pensabas que los apliques de cadenas y eslabones eran flor de un día, ya te informamos de que seguirán estando presentes durante la primavera 2021. Y lo harán sobre altísimos mules como en Victoria Beckham, sobre sandalias con tobillera como en Tom Ford, sobre diseños con plataforma de aires 90s como en Versace o haciendo las veces de tira sobre el empeine como en los salones de Givenchy.

FUENTE: VOGUE