Por qué deberíamos declararle la guerra a la ropa de poliéster

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A pesar de que su mercado representa el 50% del total de fibras, este tejido no deja que la piel transpire y no siempre es agradable al tacto. Como todos los plásticos, no es biodegradable y produce gran impacto medioambiental.

Basta con introducir en el buscador de cualquier marca low cost la palabra ‘poliéster’ para toparse en su catálogo con cientos (incluso miles) de prendas fabricadas con este material. Por algo es la fibra más utilizada en la industria textil y su consumo aumenta alrededor del 5% cada año. Hagan la prueba: busquen en su armario e inspeccionen las etiquetas, les aseguramos que se toparán con unas cuantas blusas, vestidos y pantalones confeccionados en poliéster. Es lo normal. Su guardarropa es solo un reflejo a pequeña escala de la tendencia global: «A nivel mundial, el mercado de fibras de poliéster representa más o menos el 50% del mercado total de fibras (naturales y artificiales)», apunta Gema Gómez, fundadora de Slow Fashion Next, plataforma de Formación en Moda, Sostenibilidad y Negocio.

Entonces, ¿por qué debemos declararle la guerra al rey de los tejidos?

Puede que este derivado del petróleo permita que cambiemos de modelito a la velocidad de la luz sin que el bolsillo se resienta demasiado, pero también tiene la culpa de que la piel transpire menos o de que repartamos descargas a diestro y siniestro por culpa de la electricidad estática que acumula. Eso sin tener en cuenta su grave impacto medioambiental. ¿Alguna vez ha sentido grima al tocar determinadas prendas en las tiendas de moda pronta? ¿Le produce dentera tan solo rozar el forro de esa falda nueva? Miren su composición, probablemente la culpa también sea del poliéster.

No todo van a ser desdichas, si la mitad de las prendas que se fabrican en el mundo están hechas de este material por algo será. La principal ventaja es el precio: es más barata que otras fibras y ha logrado arrebatar mercado a otros tejidos asequibles como el algodón después de que su precio descendiera hasta mínimos históricos.

Por eso es más que probable que esas «gangas» con las que es fácil toparse en las cadenas low cost estén confeccionadas en fibras sintéticas como el poliéster. Aunque existen diferentes calidades y cada vez es más frecuente toparse con piezas de este tejido a precios poco asequibles.

Pero además, «las prendas fabricadas con este material son fáciles de lavar y secar, no encogen –de ahí que se utilicen tanto en los forros– e incluso podemos llevarlas de viaje en la maleta sin que se arruguen», explica Mª Carmen López Soler, Asesora Textil y autora de Manual de Tejidos – Las muestras.

Aunque cada vez más prendas están compuestas de poliéster al 100%, es muy frecuente encontrarlo mezclado con otros tejidos. ¿Qué ventajas tiene esto? ¿Es mejor comprar prendas que combinen el poliéster con otras fibras? «El objetivo de estos híbridos es aunar en un solo tejido las características que cada material presenta por separado. 

Es decir, una prenda compuesta por 50% algodón / 50% poliéster será transpirable al 50%, mientras que si hubiera sido solo de algodón lo sería al 100%. El problema con las mezclas es que no se pueden reciclar puesto que aún no está implementada industrialmente la tecnología necesaria para separar las materias al final de su vida útil. El resultado es un ‘residuo eterno’», detalla Gómez.

¿Por qué deberíamos dejar de comprar prendas de poliéster?

La falta de transpirabilidad y el tacto son dos de los factores que, a priori, pueden echar para atrás al consumidor. Si han notado que sudan más o huelen peor cuando llevan puesta esa blusa que compraron por cuatro duros, no es producto de su imaginación. «Las fibras sintéticas no absorben bien la humedad. El poliéster no transpira, con lo que provoca el efecto sauna: en caso de quemarse no arde sino que funde», señala López Soler. Además estos tejidos se cargan de electricidad estática al frotarse entre sí o contra la piel provocando que la prenda se pegue al cuerpo o se produzcan pequeñas descargas eléctricas.

Tampoco es un material que se lleve bien con las pieles más delicadas. «Tener alergia a la ropa no es demasiado frecuente pero muchas personas pueden experimentar lo que llamaríamos intolerancia mecánica. La gente con la piel atópica o seca puede sentir picor, irritación o desarrollar eccemas al entrar en contacto con determinados tejidos. También son más propensos a sufrirla aquellos que tienen alergias respiratorias (por ejemplo al polen). Es cierto que el poliéster, como producto sintético que es, tiene más papeletas que otros tejidos para provocar esta intolerancia mecánica», explica la Dermatóloga Patricia Ortiz García.

Pero, además, tiene muchas desventajas a nivel medioambiental. «El plástico más usado en el poliéster es tereftalato de polietileno (más conocido como PET). Como todos los plásticos no es biodegradable y proviene principalmente del petróleo, que es un recurso no renovable», nos cuenta Gema Gómez. Y añade: «Otro gran problema que aún es bastante desconocido por falta de investigación es el tema de los microplásticos. 

Cuando lavamos las prendas sintéticas, estos microplásticos se desprenden de ellas y acaban yendo a parar a ríos y mares, afectando a los peces que después son ingeridos por los humanos. Se trata de una contaminación medioambiental prácticamente desapercibida y muy importante para la salud del planeta y la nuestra propia, porque estamos invadiendo el medio ambiente con un producto tóxico que no es biocompatible». Si necesitan más datos inquietantes cabe añadir que para producir poliéster se necesita aproximadamente el doble de energía que en el caso del algodón convencional, y cuatro veces más que en el algodón orgánico.

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