15 marcas y un millón de motivos para pasarte a la moda sostenible

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Por si no bastaran todos las razones que respaldan la tendencia ‘eco’, te descubrimos un buen puñado de firmas que terminarán de convencerte. Seguro que no necesitas más ropa, pero te recomendamos apostar por prendas tan ‘cool’ como ecológicas en las compras otoñales.

“¿Cuántos de vosotros sabéis quién ha hecho vuestra ropa?”, pregunta Heather Knight a los asistentes de la VI Jornada de Moda Sostenible celebrada en el Museo del Traje. “Quizá la etiqueta diga ‘made in Bangladesh‘ o ‘made in China‘, pero no te cuenta la historia completa. Solo indica dónde se cosió, no dónde se cultivó y tiñó el algodón, ni mucho menos quién la hizo, cuánto gana esa persona o cómo es su vida”, continúa. Ella es la directora de branding, diseño y comunicación de Fashion Revolution, un movimiento global que exige más transparencia, ecología y ética en la industria de la moda. Sostenibilidad, en definitiva. ¿Su estrategia? Trasladar a las marcas la pregunta que Knight acaba de plantear a la audiencia: “¿Quién hizo mi ropa?”.

El lema de la jornada es “El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión“, un mensaje que recuerda al título del libro que ha publicado Brenda Chávez, Tu consumo puede cambiar el mundo (Ediciones Península). Esta periodista señala que “como consumidores, es importante tomar consciencia del poder que tenemos al presionar a las empresas para que sean respetuosas”. De ahí que no solo podamos y debamos utilizar nuestro consumo como herramienta de premio o castigo, sino también tomar parte activa en el cambio. “Preguntar quién hizo mi ropa es una forma acertada de iniciar la conversación”, indica Heather Knight. No en balde, el hashtag #Whomademyclothes ha copado el trending topic de Twitter en 76 países, y se ha utilizado cientos de miles de veces en Instagram… “Las marcas empiezan a dar explicaciones”, apunta la británica.

Usar y tirar

Según Knight, “la sociedad consume un 400% más de ropa y tarda en desecharla la mitad de tiempo que hace 20 años”. De modo que la máxima leninista “si no eres parte de la solución, eres parte del problema” también atañe a los consumidores de moda. Así lo entiende Fashion Revolution, creado a raíz del colapso de la fábrica de Rana Plaza, que provocó la muerte de 1.138 personas en 2013. No obstante, la amenaza aún planea sobre Bangladesh: en mayo se vivieron episodios de pánico en Daca debido a las condiciones insalubres en las que los empleados de los talleres textiles atravesaron una ola de calor.  

Gema Gómez conoce bien todas las facetas de esta industria. Desde hace cinco años se halla al frente de Slow Fashion Next, un grupo de profesionales expertos en Moda, Sostenibilidad, Emprendimiento y Negocio, pero antes desarrolló parte de su dilatada trayectoria como diseñadora en dos grandes cadenas textiles españolas. “Fue entonces, en los viajes a Asia, cuando descubrí el otro lado de la profesión que tanto amaba. Hasta el punto de que al regreso de estos viajes me resultaba imposible mandar a producir tales cantidades de prendas, sabiendo que los químicos iban a parar directamente a los ríos y que a menudo las trabajadoras eran niñas menores de once años”, recuerda. Heather Knight explica así el problema: “Cada vez se demanda ropa a mayor velocidad y a precios más bajos, de modo que muchos empresarios explotan el medio ambiente y a sus trabajadores para dar abasto”.

Comerse la ropa

Por desgracia, la industria de la moda recuerda cada vez más a la alimenticia, cuyos productos se compran y venden como bienes caducos de un solo uso. ¿Te habías parado a considerar que tanto la ropa como los alimentos pueden ser “orgánicos” o “fast”? El caso de Primark resulta revelador. Se trata de la primera cadena de moda en España en número de compradores, y pertenece a Associated British Food, una multinacional británica del sector alimenticio que aplica el mismo modelo de negocio a todas sus empresas.

Hablando de alimentos, Gema Gómez señala que “las tendencias ‘se han comido’ al producto. Creo que nos han alejado de nosotras mismas y que las mujeres de hoy en día no visten mejor que nuestras abuelas, por ejemplo, que tenían muchas menos prendas pero que les sentaban como un guante”. En sus armarios abundaban las piezas confeccionadas a medida, con tejidos de una calidad superior a los empleados en la actualidad. ¡La moda de los años 60 era mucho más sostenible! Pero aún hay esperanza: “Creo que los consumidores son más conscientes. En el vestir, en el comer, en el estilo de vida en general, pero no solo en eso. Se ha discutido sobre algunos temas: ¿por qué no sobre moda?”, dijo Stella McCartney a la edición italiana de Marie Claire. En resumen, una nueva generación de consumidores exige un valor añadido a la calidad y autenticidad: la sostenibilidad. De ahí que, según Gema Gómez, aunque solo sea por “esta nueva tendencia de bienestar” que nos lleva a beber zumos detox y practicar yoga o mindfulness, nos acabaremos pasando a la slow fashion.

Despacito y con naturalidad

Pero no nos confundamos. La slow fashion no es la solución a la fast fashion“La slow fashion es la respuesta a la fast fashion y sus impactos, pero la solución para acabar con los aspectos nocivos de la fast fashion es que las empresas que la practican asuman sus responsabilidades sociales (que paguen sueldos dignos, respeten los derechos laborales, etc.) y medioambientales (que no contaminen el suelo, el agua, etc., que reduzcan los residuos textiles que crean, que no usen sustancias tóxicas en su fabricación, etc.), nos dice Brenda Chávez. La periodista defiende que ya hay estandarización legal, “pero las corporaciones seguirán cometiendo abusos si no tienen la voluntad real de acabar con ellos y solo les guía el beneficio sin cuestionamientos éticos”.

En este sentido, la firma española Ecoalf actúa de forma ejemplar. “La industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo, y el consumo de recursos naturales en todos los procesos es brutal. Desde la fabricación o cultivo de la materia prima, la tintura, acabados… Por eso pensamos que lo más sostenible era reducir al máximo el consumo de recursos naturales. Partiendo de esa base, el empleo de materiales reciclados era lo más lógico, y ese fue el motor de arranque de Ecoalf”, nos cuenta Carol Blázquez, directora de la compañía. Así, sus tejidos ultraligeros de nailon proceden de redes de pesca, los de poliéster, del plástico de las botellas de agua, y sus chanclas, de neumáticos.”Todo pensado, desarrollado, con residuos recogidos y reciclados, y con un proceso de fabricación cien por cien español”, apunta Blázquez. “De esa forma conseguimos transformar la basura en materiales de alta calidad con las mismas prestaciones que cualquier material convencional“. Por suerte, no solo Ecoalf procede de esta manera. Cada vez es más frecuente el uso del textil MycoTex y del ‘cuero’ Amadou, elaborados a base de hongos. Por no hablar de Pinatex, un tejido procedente de hojas de piña.

Embajadoras de buena voluntad

Como buena activista, Emma Watson ha sido una de las primeras celebridades en pasear por las alfombras rojas vestida de forma ‘eco’. De hecho, todos los vestidos que lució durante la gira promocional de La Bella y la Bestia estaban certificados por Eco-Age, la organización verde de Livia Firth (productora de cine y esposa de Colin Firth). En el estreno londinense del filme, lució un diseño de Emilia Wickstead confeccionado solo por mujeres a partir de los excedentes textiles de una fábrica. Si quieres saber más, todo está documentado en una cuenta de Instagram creada por la actriz (@the_press_tour), que ya sigue casi medio millón de almas.

Según un informe publicado por la Global Fashion Agenda y The Boston Consulting Group, para el año 2030 el consumo de ropa aumentará un 63%, a 102 millones de toneladas. ¿La buena noticia? Si la industria de la moda mejora su actuación medioambiental y social, no solo aumentará sus perspectivas comerciales, sino que para 2030 también sumará hasta 160.000 millones de euros anuales a la economía mundial. La influyente Miroslava Duma ha advertido el filón verde, y ha fundado Fashion Tech Lab, una empresa que financia, conecta y desarrolla tecnologías de vanguardia e innovación sostenible con el objetivo de transformar la industria de la moda.

Eco-lujo… ¿y eco fast-fashion?

DKNY, Bottega Veneta, Balenciaga, Gucci… La conexión entre ética y estética es cool, y cada vez más firmas de alta gama insisten en ella. Stella McCartney ha sido pionera en subir moda sostenible a las pasarelas más prestigiosas. Nada en sus colecciones es de origen animal. Incluso la seda que utiliza es extraída de los gusanos mediante un innovador proceso que evita cocerlos vivos. “Cuando empecé a trabajar, se me dijo que nunca tendría éxito, sobre todo en accesorios. Ha sido durísimo, pero es un desafío que me da fuerzas para avanzar y define la contemporaneidad de mi firma”, confiesa. “Los diseñadores debemos pensar en prendas que duren lo más posible, en vez de que acaben a la semana en un contenedor”.

Como decíamos, McCartney no está sola. Otra británica, Mara Hoffman, comparte sus ideales, así como Ralph Lauren o algunas de las grandes firmas de alta joyería. Y por si fuera poco, el conglomerado de lujo Kering promueve desde 2012 un programa de Responsabilidad Corporativa que está rompiendo prejuicios sobre el atractivo de la moda sostenible.

“Es cierto que hace unos años todo lo sostenible era ‘eco-feo’. Parecía que implicaba dejar de lado la parte estética, pero es obvio que no solo en moda, sino en muchos ámbitos. Por fortuna, lo sostenible ya está triunfando en diseño”, nos dice Sandra Pina, directora de Sustainable Brands España y socia de la consultora en materia de sostenibilidad Somos Quiero.

Así se aprecia en las preciosas mochilas de Hemper, los jerseys de Iaios o las alpargatas de Mimmëko. Pero también en las colecciones Conscious y Conscious Exclusive, de H&M, Join Life, de Zara, o Mango Committed… Las líneas ‘eco’ son tan punteras en diseño como el resto de la fast fashion. Claro que hay que tener en cuenta la reflexión de Brenda Chávez: “Me pregunto que si son capaces de sacar estas líneas, por qué no lo aplican a todo su modelo de negocio (…). Si no, lo único que están llevando a cabo son greenwashes para dar una buena imagen frente al consumidor y sus inversores, pero no un cambio real”.

El futuro será sostenible o no será

Sandra Pina lo tiene claro: “Ser sostenible pronto será una licencia de obra para todos. Uno será sostenible o no será”. Y hay que empezar lo antes posible a ganarse esa licencia. Las nuevas camisetas de Ecoalf, elaboradas en un algodón regenerado con más de dos años de desarrollo, rezan “Because there is no Planet B” y no se nos ocurre un motivo más convincente.

The Fam – Stillsane

1. Stillsane

Por cada artículo vendido (todos se elaboran de forma sostenible), esta marca canadiense planta un árbol, destina el 1% del importe a organizaciones sin ánimo de lucro verdes. Finalmente, dona el 50% de sus beneficios globales a la conservación del planeta.

MiPoppins | Bolsos sostenibles

Mipoppins

No te pierdas esta gran novedad ‘made in Spain’ que rinde un merecido homenaje a Mary Poppins. La firma, con diseño interior y fabricados con Piñatex (un material innovador creado a partir de las fibras de las hojas de la planta de la piña) y producidos íntegramente en Madrid, destina el 5% del beneficio de cada bolso a colaborar con las fundaciones Ana Bella y Mujeres por África.

RE/DONE, el vaquero de las celebrities con amor al upcycling

2. Re/Done

Bella Hadid, Emily Ratajkowski, Kendall Jenner… Las mayores prescriptoras de estilo mundiales llevan vaqueros de Re/Done. Esta marca californiana desmonta antiguos modelos de Levi’s para confeccionarlos de nuevo y conseguir las siluetas de tendencia.

Lip Stick Pink

3. Noah

Se nota que Brendon Babenzien, antiguo director creativo de Supreme, se halla tras esta marca neoyorquina que aúna las estéticas skater, punky y náutica. Noah Clothing elabora prendas sostenibles a precios terrenales al tiempo que apoya el movimiento #BlackLivesMatter, persigue el uso de pesticidas en la industria textil y la contaminación de los océanos.

Iaios

4. IAIOS

La española Gemma Barbany, miembro de la cuarta generación de una familia dedicada a la industria textil, fabrica con mucha calma jerséis reciclados en pequeñas empresas locales.

Olderbrother Fall/Winter 2018 Collection | HYPEBEAST

5. Olderbrother

Los diseños de esta firma americana incorporan tintes naturales y han sido elaborados con materiales cuidadosamente seleccionados. Su serie Hand Me Down es completamente reciclada.

Black/White Check York Coat

6. Reformation

“Ir desnudas es la primera opción más sostenible. La segunda es Reformation”, dice su lema. A partir de tejidos eco y prendas vintage, y aplicando un método de producción justo, Reformation multiplica el estilo en sus diseños y minimiza los daños ambientales.

Mujer

7. Veja

Sus deportivas ecológicas de comercio justo son lo más trendy que le ha sucedido al mundo del calzado en los últimos tiempos.

Patagonia, una marca con historia - Limite Sur

8. Patagonia

Quizá sea la marca sostenible más famosa y reconocida del mundo. Sus chubasqueros y forros polares son objeto de deseo –además de una grandísima inversión de entretiempo–.

9. Mara Hoffman

Esta diseñadora británica cree firmemente en las prácticas conscientes, que constituyen la base fundamental de su empresa. Mara Hoffman solo utiliza materiales ecológicos y sostenibles, y produce de forma responsable.

La pasión vegana de Stella McCartney | Gente | EL PAÍS

10. Stella McCartney

Hablar de moda sostenible es hablar de Stella McCartney. La hija de Paul fue pionera en aunar lujo y sostenibilidad: todos sus productos están exentos de cuero o materiales que impliquen crueldad animal.

11. Armedangels

A lo largo de toda su cadena de producción, esta firma alemana emplea métodos sostenibles. Además de servirse de tejidos orgánicos y poliéster reciclado, se encuentra en alianza con la Fair Wear Foundation, que asegura un trato justo a sus trabajadores.

EDUN - Ethical Fashion Initiative

12. Edun

Esta firma neoyorquina trabaja en estrecha colaboración con las fábricas, los artistas y las comunidades locales africanas para fortalecer su comercio y crear vínculos comerciales duraderos entre ellos y la industria de la moda. Además, cuenta con el respaldo del conglomerado de lujo LVMH.

Hemper lleva sus mochilas de Nepal de Internet a Malasaña |  DiarioAbiertoDiarioAbierto

13. Hemper

Cuando un grupo de amigos españoles viajó a Nepal, se enamoró de sus mochilas de cáñamo hechas a mano. Tanto, que a su regreso decidieron comercializarlas en España bajo el nombre de Hemper. Elaboradas con materiales locales por mujeres nepalíes en riesgo de exclusión social, esta empresa produce con impacto medioambiental mínimo, colabora con la industria local y proporciona a sus empleadas trabajo digno y alojamiento, además de financiar la educación de sus hijos.

Seis datos sobre Ecoalf, la marca sostenible que conquista a la reina Sofía  | Actualidad, Moda | S Moda EL PAÍS

14. Ecoalf

Dado que consumimos cinco veces más recursos de los que el planeta puede generar de forma natural, los diseños de Ecoalf están elaborados completamente con materiales reciclados procedentes de los fondos marinos. La marca verde española más internacional se ha ganado el favor de celebridades como Gwyneth Paltrow, Karolina Kurkova o Will Smith.

15. Lemlem

La supermodelo Liya Kebede fundó Lemlem para ayudar a las mujeres africanas, ofreciéndoles un trabajo digno que preservara la artesanía local. El resultado es una marca de lujo ética con diseños fabulosos.

FUENTE: MARIE-CLAIRE

14 prendas que resumen las tendencias de otoño-invierno 2020-2021

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Con la temporada a la vuelta de la esquina, las tendencias de otoño-invierno 2020-2021 empiezan a asomar tímidamente entre los estantes de algunas de nuestras tiendas favoritas. También despiertan nuestro propio interés: el final del verano suele trae consigo una curiosidad innata de cara a septiembre por saber qué se va a llevar de cara a los próximos meses. Las tendencias llegan con cuentagotas: hemos hablado, por ejemplo, de que este otoño la falda plisada repite como una de las opciones más seguras, tal y como han demostrado desde Lacoste a Hermès. Nos esperan contrastes absolutos: la paleta de tonos tierra que tiñe desde abrigos a vestidos y se contrapone a la nada discreta gama de toques metalizados, con pantalones plateados, por ejemplo, que prometen no pasar desapercibidos. 

¿Qué estampados serán tendencia este otoño 2020? Los cuadros vuelven a ser uno de los protagonistas absolutos de la temporada, imprimiendo con especial énfasis trajes de chaqueta, abrigos y capas, otra de las piezas estrella del armario invernal. Los cuadros se alinean a su vez con la estética preppy para subrayar la elegancia atemporal de cárdigans y jerséis al puro estilo ‘Ivy League’. Por su lado, el animal print se actualiza con estampados geométricos y otras criaturas, especialmente los caballos. De hecho, la tendencia ecuestre es una de las propuestas más reiteradas entre las firmas. La raya diplomática también se erige como una de las apuestas más atractivas para dar una vuelta de tuerca a los trajes sastre, tanto en su versión pantalón como en falda.

Nos espera también una temporada de lo más táctil: el borrego y el efecto pelo invade dobladillos y abrigos por entero para cobijar el cuerpo y contraponer la tendencia de lencería y encaje a la vista, como en Rodarte, Tom Ford o Saint Laurent.

Una falda plisada
Plus: si es plateada
COMPRAR: falda plateada con lentejuelas, de Sportmax (335€).
Un vestido rojo
Plus: si es de cuello alto y ajustado
COMPRAR: vestido rojo de punto, de Norma Kamali (275€).
Una capa
Plus: que sea de cuadros, uno de los estampados tendencia del otoño 2020.
COMPRAR: capa de cuadros, de Gucci (2.600€).
Una prenda embellecida
Plus: que incluya eslabones, otro de los reyes de las tendencias
COMPRAR: vestido de punto con eslabones en el cuello, de Bottega Veneta (1.567€).
Animal print diferente
Plus: que siga la tendencia ecuestre tan en boga esta temporada
COMPRAR: chaqueta con estampado de caballos, de Maje (175€).
Una prenda de aire victoriano
Plus: una lazada a contraste que refuerza su aire historicista

COMPRAR: blusa con volantes, de Sandro (225€).
Flecos por todas partes
Plus: salirse de la tónica de los accesorios e incluirlos en una prenda
COMPRAR: chaqueta denim con flecos, de Zara (39,95€).
Abrigos de borreguillo
Un plus: salirse de los colores habituales y apostar por contrastes cromáticos

COMPRAR: abrigo con efecto borreguillo, de Stand Studio (204€).
Un vestido en tonos tierra
Un plus: que sea de silueta lencera

COMPRAR: ‘slip dress’, de & Other Stories (40€).
Un jersey de aire ‘preppy’
Un plus: cambiar el cárdigan habitual a lo ‘Ivy League’ por un jersey de rombos

COMPRAR: jersey de rombos, de Miu Miu (396€).
Mangas abullonadas
Un plus: aunarlas en una misma prenda con otros efectos como el metalizado

COMPRAR: jersey de lúrex con mangas amplias, de Uterqüe (29,95€).
Un traje de chaqueta
Un plus: apostar este otoño por la raya diplomática

COMPRAR: pantalón de raya diplomática de Zadig & Voltaire (275€).
Un sujetador a la vista
Un plus: que sea de encaje

COMPRAR: sujetador, de Oysho (16,99€).

FUENTE: VOGUE

El futuro de las compras de lujo, en mano de las nuevas generaciones

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Se estima que para 2025 los ‘millennials’ supongan el 50% de las compras del lujo y, para 2035, la generación Z alcance el 40%. Pero, ¿cómo compran hoy los nuevos segmentos de consumidores?

Clamaba Rubén Darío aquello de “juventud divino tesoro”. Y eso que por aquel entonces nada se sabía aún de millennials o xennials. En la era del consumo y el sesgo generacional, sin embargo, referirse a la juventud como fuente de riqueza implica bastante más que una figura literaria. Ahí están los estudios que nos recuerdan que precisamente estas nuevas generaciones suponen ya un 38% de las compras de lujo actuales (los millennials representan un 30% frente al 8% de la generación Z), o que en 2025 se estima que esa cifra supere el 50%. Y todo, pese a que este lujo poco o nada tiene que ver con la concepción tradicional que acuñaron los padres de esos jóvenes años atrás.

De hecho, según apunta un sondeo llevado a cabo por Business of Fashion en colaboración con la consultora McKinsey, para los consumidores pertenecientes a las generaciones millennialxennial y Z, aspectos como los de la sostenibilidad o la ética ocupan el primer puesto en la lista de requisitos a la hora de decantarse por una u otra marca frente a otros referentes como el diseño o la estética; y lo mismo ocurre con la calidad, que gana enteros frente a la cantidad a medida que las generaciones avanzan. “Ponemos mucho más peso y pensamiento en lo que hay detrás de la marca que vamos a consumir, y sí que es verdad que, en general, la sostenibilidad y la ética son dos temas bastante relevantes para nuestra generación, por lo que tendemos a valorar que las marcas representen valores sociales más allá de la mera producción”, defiende Rafa Magaña Villar, socio de Mazinn, una consultoría especializada en asesorar a marcas sobre los comportamientos y gustos de la generación Z.

Así, según la mayoría de datos y estudios, esta nueva prole está compuesta por jóvenes preocupados por vestir prendas y artículos sostenibles y el efecto Greta Thunberg es para ellos mucho más que una moda o pataleta. Claro que aquí, como en todo, nada es blanco o negro y, en el caso de los jóvenes, la compra final a veces roza incluso el marrón. “Somos una generación extremadamente heterogénea y, teniendo en cuenta nuestra juventud, es habitual que caigamos en la contradicción. De ahí que también haya momentos en los que tratamos de ajustarnos a toda esta presión que supone aparecer en redes sociales constantemente y para ello podemos acabar comprándonos la camiseta de la marca falsa o un poco lo que podamos encontrar barato y con el único fin de enseñarlo”, continúan desde Mazinn. No van desencaminados, si tenemos en cuenta un reciente estudio que defiende que aunque el 66% de la gen-Z busca esta clase de marcas comprometidas y sostenibles, solo el 31% está dispuesto a pagar más por ello. Un pequeño atisbo de esta contradicción que, no obstante, es ciertamente esperanzadora frente al escaso 12% de los denominados baby boomers (la generación de muchos de sus padres) que afirman lo mismo.

Pero, en realidad, abrir el melón de las redes sociales cuando hablamos de jóvenes, implica hablar de dos desarrollos que crecen y evolucionan de forma pareja. De ahí que las reglas no escritas de plataformas como Instagram o TikTok lleguen en muchos casos a dictar los hábitos de consumo de estos adolescentes. Se aprecia en esa necesidad de diferenciarse a toda costa a través del camino corto que supone esa camiseta falsa y también –y sobre todo– a través de los éxitos rotundos que suponen las ediciones limitadas dentro de este sector de la población. Se engloban en este campo las colecciones cápsula, las tiradas escasas y las colaboraciones. Estas últimas, de hecho, se han convertido en una fuente de ingresos extra para muchas marcas que encuentran en estas asociaciones una forma de abrirse al público joven sin mayores riesgos. Lo vimos con la alianza entre Louis Vuitton y Supreme; también con Adidas y Pharrell Williams, o incluso con Jimmy Choo y Off-White.

Pero no solo las compras en sí están cambiando entre los jóvenes. También la forma en que estas se llevan a cabo va camino de convertir a la clásica quedada en el centro comercial de los 90, en un plan vintage que las generaciones venideras verán únicamente en las películas. Los consumidores noveles han crecido arropados por el manto de Internet y a menudo prescinden de artículos tan básicos para sus progenitores como el coche. Algo que repercute de forma directa sobre sus métodos de compra provocando que, tal y como recapitula una encuesta llevada a cabo por McKinsey y Red Associates, se conviertan en clientes que reclaman sus contenidos en la propia puerta de casa, pero también que consuman de un modo más local. “Los comercios tradicionales no desaparecerán, pero están destinados a adaptarse y a utilizar todos los canales de venta porque para los consumidores Z el producto es también la experiencia, tanto en el proceso de compra como en su propio uso”, explica Iñaki Ortega, profesor de Deusto y autor –junto a Núria Vilanova– de Generación Z (Ed. Plataforma).

A domicilio, con pequeños desplazamientos o incluso a través de sus consolas –juegos como Animal Crossing han resultado ser una atractiva fuente de publicidad para muchos diseñadores–, los más jóvenes buscan marcas de streetwear con las que definir su estilo, pero también clásicos que, seguro, sonarán familiares a sus progenitores. “Los adolescentes estadounidenses dedican un 31% de mindshare a marcas de lujo como Louis Vuitton o Chanel y, aunque es poco probable que compren bolsos de estas marcas, creemos que están respondiendo favorablemente a la dirección de marketing que LVMH y Kering están tomando”, explicaba Piper Sandler en su informe sobre consumo adolescente. Una afirmación con la que también coincide Ortega: “Esta nueva generación pone el foco en la inmediatez y asume un uso efímero de lo que compra. Seducirlos con productos específicamente pensados para ellos, estableciendo una comunicación y un branding personalizado, es el reto del marketing para los Z”. Y es que puede que el centro comercial y las bolsas estén pasadas de moda, pero la necesidad de diferenciarse sin dejar de encajar sigue tan vigente como en cualquier taquillazo de los 90. 

FUENTE: VOGUE

‘Bolsos unicornio’: el bolso Gucci que no sabíamos que queríamos y en el que no podemos parar de pensar

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Si eres amante de los colores pastel y de la estética ‘My Little Pony’ no podrás resistirte a la última creación de Gucci para este otoño: el bolso unicornio

Para hablar sobre el que promete ser uno de los hits de la próxima temporada, conviene ir por partes. Primero, es necesario hablar de la estética del bolso Gucci que, sea cual sea el modelo elegido, garantiza siempre que se trate de un clásico que garantiza una inversión segura; y, por otro, no podemos obviar el poder de fascinación que trae consigo el fenómeno unicornio que ya habíamos visto antes en zapatosvino y hasta Frapuccinos.

Precisamente empezamos por esta recapitulación de los hechos porque solo así se entiende el delirio que hemos sentido al toparnos con la nueva gama cromática que la casa italiana presenta para su colección otoño-invierno 2020/2021 y de la que ya se puede extraer un adelanto a través de su página web. Una adaptación de algunos de los modelos de bolsos y carteras icónicos de la casa (el diseño GG Marmont en sus distintas versiones parece ser la estrella), esta vez reinterpretados a través de esa estética dulce y naíf que caracteriza al fenómeno unicornio y que tanto -y a tantos- fascina.

Se trata así de modelos en los que la tradicional piel monocromática se sustituye por un arcoíris de tonos pastel que irremediablemente nos transporta a esa cabellera iridiscente del personaje mitológico desde una perspectiva conceptual y en la que, una vez más, se puede palpar la fascinación de su director creativo Alessandro Michele por ese universo mágico y onírico que tan bien ha sabido plasmar al frente de Gucci.

Surge así un nuevo icono que seguro se convertirá en objeto de culto, pero también un nuevo bolso Gucci destinado a posicionarse como clásico en sí mismo. Ahora, el único dilema es elegir por cuál nos decantaríamos, teniendo en cuenta las opciones vigentes (por lo de pronto, en su web pueden encontrarse ya las adaptaciones del diseño a carteras y tarjeteros).

FUENTE: VOGUE

5 marcas de moda locales y sostenibles (bolsos, vaqueros, zapatillas…) que tienes que conocer de cara al otoño 2020

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A pesar de los retos, hay un nuevo ‘hecho en España’ que no renuncia a lo que es: responsable con sus empleados, ambicioso en la reducción de su huella ecológica y orgullosamente local.

Este tema se publicó en Vogue agosto 2020 (Nº 389).

Cada día es una lucha por la supervivencia. Una batalla que requiere de creatividad, valores firmes y trabajo duro, pero que no puede dejar de ser librada. Es mucho lo que está en juego: un nuevo ‘made in Spain’ con exigente conciencia ambiental. 

1. Canussa

María Cano conoce de cerca esa pelea por dar continuidad a una empresa de moda cuya prioridad no es reducir costes y maximizar beneficios, sino alcanzar un equilibrio en el que la rentabilidad vaya de la mano con la ecología. Su marca, Canussa, nació en 2017. Fabrican accesorios de ‘piel’ vegana —calzado, cinturones reversibles, mochilas y bolsos—, diseños atemporales en los que emplean materiales como poliéster reciclado. Todo, recurriendo a técnicas artesanales de arraigada tradición. “Queremos certificar que nuestra producción se realiza en puestos de trabajo seguros y en condiciones óptimas”, explica Cano. “Nuestros complementos se hacen en Madrid y Alicante por artesanos con amplia experiencia, lo que da como resultado productos de muy alta calidad, pensados para durar”.

Bolsos de poliéster reciclado de alta calidad. 
© Canussa

2. Sidikai

También de la cosecha de 2017 es Sidikai, una marca creada por las hermanas Carlota y Mariana Gramunt que pone el foco en el lujo sostenible con colecciones que no siguen el calendario convencional. Su modelo de negocio está basado, tal como afirman, en “aplicar el proceso creativo no solo a la estética de la pieza, sino también a cuestionar y reformular cada paso de la cadena de valor hacia la economía circular y el empoderamiento social”. La producción local es una parte integral en este planteamiento. “La industria nos ha acostumbrado a que sea normal que una simple camiseta, por ejemplo, viaje miles de kilómetros hasta llegar a nuestra casa. El algodón se produce en China, la confección es en Bangladesh, el centro logístico está en EE.UU y el punto de venta final en una capital europea. Todos esos kilómetros son toneladas de gases invernadero que no vemos, pero que causan un daño irreparable”. Por eso, a la hora de diseñar la cadena de suministros de cada producto, procuran buscar la mejor calidad lo más cerca posible del núcleo de su actividad, que se sitúa en Madrid. Cuando recurren a materias primas procedentes de países lejanos, compensan la huella de carbono invirtiendo en proyectos certificados de reforestación o energías limpias.

Pañuelo de seda de paz (un tipo de seda obtenida sin maltrato animal).
© Sidikai

3. The Nordic Leaves

Aún más reciente es el ejemplo de The Nordic Leaves, la marca catalana fundada en 2018 por Cristina Sopo y Daniel Jordà, que persigue armonizar con la belleza de lo natural. Comercializan prendas de estética minimalista con tejidos como el lino y el algodón ecológicos. Para ellos, la fabricación local tiene sentido en cuanto a la reducción de la contaminación, pero también hay un factor personal. “Mi madre siempre trabajó como modista y costurera para diferentes firmas. Hasta que tuvo que reorientar su carrera, porque el sector estaba cambiando demasiado. Hay grandes profesionales la industria, debemos ponerlos en valor para que puedan seguir desarrollando sus habilidades”, reflexiona Sopo. A ello contribuyen colaborando con talleres en Hospitalet de Llobregat o Igualada. Al igual que con un taller artesano certificado de alpargatas en Elche.

Alpargatas hechas artesanalmente en Elche.
© The Nordic Leaves

4. Flamingos’ Life

En esta ciudad alicantina de gran tradición zapatera tiene precisamente su sede fiscal, sus oficinas y su estructura productiva Flamingos’ life. Creada en 2015 por Carlos García, la marca, que se define como sostenible y vegana, comercializa zapatillas hechas con materiales biodegradables y reciclados (caucho natural, algodón, cáñamo o desechos del maíz). “Ponemos la ética en el centro de nuestras decisiones. Confeccionamos en centros locales y artesanales, garantizando que todos los trabajadores están cubiertos por una seguridad social fuerte, asegurando un sueldo digno y una conciliación con su vida personal”, señala García, para quien la deslocalización genera “esclavitud moderna y una degradación ecológica sin precedentes”.

Zapatillas veganas hechas con materiales biodegradables y reciclados.
© Flamingos’ life

5. Capitán Denim

Una manera de entender la industria que comparten los hermanos José María, Oto y Juan González Arroyo. Ellos son los responsables de transformar en marca, en 2013, la empresa textil fundada por sus padres en 1973, Capitán Denim. La firma produce vaqueros altamente comprometidos con el entorno: han reducido el consumo de agua en un 90% y disminuido las emisiones de CO2 junto con la utilización de químicos. Su centro de operaciones se encuentra en el pueblo albacetense de Madrigueras. “Somos un equipo 50 personas por cuyas manos pasan todos y cada uno de los pantalones que fabricamos”, explica Juan González. “Creemos que la producción local es sinónimo de equilibrio económico, social y medioambiental, algo que se ha evidenciado más durante esta trágica pandemia. Obviamente, tenemos unos costes de producción más elevados, pero los beneficios que revierten en nuestro entorno justifican de sobra dicho sobrecoste. Al final, todo se resume en el sentido común. Si podemos hacer aquí, ¿por qué ir a buscarlo a miles de kilómetros?”.

Vaqueros sostenibles hechos en Madrigueras (Albacete).
© Capitán Denim

FUENTE: VOGUE