Zuecos, el calzado (con más sentido) que se ha adueñado de 2021

,

La suela de madera se erige como uno de los rasgos más identificativos y lógicos de lo que vestirán nuestros pies en un año que vuelve a estar marcado por la incertidumbre

O fantasía, o altas dosis de realidad. La eterna dicotomía entre escapismo o minimalismo básico que está marcando la pauta en la moda es un contraste absoluto que se traslada a todos los campos del diseño. Con los zapatos a la cabeza: en un momento en el que los botines UGG se postulan como el calzado más popular según Lyst y hasta las zapatillas de casa son estéticas (con firmas especializadas en ellas), la comodidad es la característica que impera a la hora de estrenar calzado en los tiempos de la nueva normalidad. También lo dejan claro las tendencias de primavera verano: las bailarinas, las flip-flop con plataforma y las slippers son tres de las pruebas de que el normcore ha alcanzado una nueva dimensión en nuestros pies.

Pero si hay una propuesta que trasciende la temporada para hacerse con el 2021, esa es sin duda alguna la de los zuecos. Empecemos por el principio: la primavera pasada, firmas como Marni o McQueen ya propusieron sandalias con la suela de madera. Una apuesta relativamente nicho que partía de los rasgos identificativos del zueco de toda la vida, con base rígida y cubierta de tela o cuero. Miu Miu incluso se decantaba por la versión arty, tallando la madera de sus cuñas. En 2021, este zapato regresa a su diseño más tradicional y purista, destalonada y con remaches metalizados redondos alrededor. Es el tipo de zueco que hemos podido ver en Bally, en Stella McCartney y en Hermès: la firma francesa los catapulta a símbolo de lujo en suave piel de diferentes tonalidades, con una pequeña lengüeta y otra tira de piel que emula la letra H a la altura del empeine. En el sentido opuesto, Louis Vuitton también se remontaba a sus raíces, pero de manera literal: un zueco puntiagudo, basto, como los clásicos de madera holandeses, pero en piel, con tacón y correa, a modo de mary-jane.

Zuecos en Bally, Hermès  Stella McCartney primavera 2021, los más clásicos
Louis Vuitton primavera verano 2021.
Simon Miller y Molly Goddard primavera 2021.

Unos meses antes, Rosetta Getty también se había inspirado en los escandinavos para los que diseñó junto a la marca danesa Ecco, pero en una versión mucho más modernizada. Esa misma estética seguía Proenza Schouler. También Simon Miller, reforzando el aire casi ortopédico de este tipo de calzado gracias a la plataforma plana interna. En el caso de Molly Goddard, sus zuecos flatform se tiñen de colores tan vivos como el fucsia o el verde, en una colaboración única con UGG. Solamente con su presencia en las colecciones de primavera podríamos hablar de uno de los protagonistas en los complementos del año, pero es que a los zuecos todavía les queda cuerda para rato. Las propuestas pre-fall lo dejan claro. Un ejemplo se encuentra en los modelos más feístas, cuernos incluidos, que ha diseñado Matthew Williams para Givenchy. En los puristas, combinados con calcetines, que propone La Double J. Con tacón alto, ya sea en ‘peeptoe’ (Marina Moscone) o abiertos, tipo sandalia (Burberry). Más tipo zapatilla de casa, como los zuecos de Rag & Bone. Ya sean clásicos o modernos y de aire ‘sanitario’, en cuestión de zuecos 2021 se pone a disposición de todos los gustos.

Zuecos en las colecciones pre-fall 2021 de Burberry y Givenchy.

¿Y por qué son los más lógicos de 2021?

Habrá quien diga que esa rígida suela de algunos de madera no es nada cómoda (hay estudios que dejan patente el daño que hicieron los zuecos en los pies de los granjeros holandeses del s. XIX), pero en 2021 los zuecos vienen a ser algo así como la antítesis de todo lo que supone el afilado tacón de aguja. Las antípodas radican más bien en las zapatillas y las slippers antes mencionadas, pero en ese cruce de caminos estético (y en el hartazgo), encontramos una alternativa intermedia que cuenta con el confort de unos y el diseño de otros, por muy feísta que puedan ser consideradas todas sus versiones. Pero no nos referimos solamente a la búsqueda de un tipo de zapato que sea más amigable con los pies como lo podría ser cualquier modelo de Birkenstock. Hablamos también de una tendencia que ha ido tomando el calzado (y en líneas generales, la industria) desde que comenzase el confinamiento. 

El año pasado el ‘cottagecore’ definía perfectamente nuestras ganas de escapar a la naturaleza (idealizada) en un momento en el que nuestra existencia y vida social se reducía a unos metros cuadrados. Ese ansia se ha traducido en la moda en desfiles que han tenido lugar en pleno bosque, en lookbooks fotografiados en la campiña, o en majestuosas villas ubicadas en escenarios campestres. En términos de calzado, las botas de agua (las grandes y bastas, de enfangarse hasta las cejas), o las botas de pescador han acaparado las tiendas como también lo prometen hacer este verano las cangrejeras. Incluso el creciente boom del senderismo al que apuntan colaboraciones estrella como la de Gucci y The North Face con sus botas de montaña. Diferentes tipos de zapatos con un mismo nexo en común: las distintas actividades al aire libre que ahora se traducen estéticamente sobre el asfalto.

Zuecos de Gucci vistos en el street style.
© Edward Berthelot
Caroline Munro, Nikki Ross y Lula vistiendo túnicas y zuecos con plataforma (1972).
© McKeown

El zueco no escapa a ese anhelo por perderse en la naturaleza: en un reportaje titulado ‘Acentos campestres’, la revista Vogue aludía en abril de 1938 a unos ‘zuecos de jardín’, destalonados, en piel y con suela de madera, para acompañar a las novedades en vestidos de campo. Tradicionalmente, estos siempre han sido el calzado humilde de los granjeros, los molineros, la gente que trabajaba en el campo. También el ligado a la indumentaria tradicional de un pueblo, ya sean las famosas geta japonesas o los klompen holandeses (o un híbrido de ambos, como fueron las ‘Wooden Things’ de Famolare). Ese mismo aire folclórico es parte del secreto de su éxito: en 1938 la revista Life se hacía eco del ruido que hacían los novedosos “zapatos de campesina” de las estudiantes del Smith Collage, unos zuecos importados desde Finlandia

A finales de los 60, Time explicaba la fiebre que estaba generando en aquella época los zuecos suecos, aludiendo al éxito de Ulla Olsenius: cuando llegó a Estados Unidos seis años antes (en 1963) como la exclusiva importadora de zuecos de dos de las factorías suecas, encontró que el negocio iba muy despacio. ‘Todos los compradores eran muy simpáticos, pero agitaban sus cabezas’, recordaba la empresaria para la publicación. “Al carecer de almacenes y camiones, Ulla bajó a los muelles de Manhattan, supervisó personalmente la descarga de los zuecos y los vendió (entre 9,50 y 14 dólares el par) en su pequeña tienda, Olofdaughters, en Greenwich Village”, escribía la revista. El primer año solo consiguió pedidos para 5.000 paresEn 1969 tenía contratos con ocho fábricas suecas y vendía unos 23.000 pares de zuecos al mes.

Modelo luciendo look de Anne Klein y zuecos de Olofdaughters (1971).
© Bert Stern

Olofdaughters, cuyos coloridos zuecos llegaron a las páginas de Vogue (y a las vitrinas del MET), fue uno de los ejemplos de los diseñadores escandinavos que contribuyeron a hacer de su calzado folclórico un mainstream que pisaba el asfalto neoyorkino como si de un paraje campestre se tratase. Lo mismo hizo la compañía finlandesa Marimekko, con versiones de los zuecos tradicionales finlandeses. Un fenómeno que a día de hoy se podría equiparar al de Swedish Hasbeens, y que sirvió también para definir el zeitgeist de la época. En una atmósfera tan frívola como políticamente turbulenta, los idealistas hippies de Europa y de Estados Unidos se sintieron atraídos naturalmente por el sueño escandinavo: “Los zuecos, el calzado de los trabajadores en Suecia y Holanda, no solamente se convirtió en moda, sino también en un emblema de la ideología política tolerante. El zueco canalizó la tradición folclórica y romántica de Escandinavia (muy en boga), pero también con una alusión a la sensibilidad ecológica” escribía Paula Reed en The 250 looks that shaped modern fashion. Junto a las plataformas, los zuecos se convirtieron en el calzado identitario de los años 70: eran unisex, evocaban el campo y todo lo relacionado con la naturaleza, además del espíritu folclórico que caló en la década hasta el tuétano. ¿Quién podía resistirse a unos zapatos que cumplían, punto por punto, con todos sus ideales? En 2021 no es que nos imaginemos recolectar verduras del huerto enfundadas en un vestido pastoril de Lirika Matoshi con unos zuecos a juego, pero el idealismo por el estilo de vida nórdico sigue ahí. Aunque los conocemos desde hace años, seguimos obsesionados por lo cozy del hygge y la vida al aire libre del friluftsliv. Y los zuecos parecen un buen básico para hacerlos realidad.

Las ‘Wooden Things’ de Famolare evocaban en los años 70 el concepto de zueco de dos culturas diferentes: las ‘geta’ japonesas y el calzado de madera tradicional holandés.

Además de servir a un ideal, el zueco también es el calzado por antonomasia en tiempos de necesidad. Aunque en un principio la suela de corcho y madera se relacionó con la vestimenta más informal del verano y la playa, son los materiales que se usaron cuando no hubo dónde elegir tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La producción de los fabricantes de zapatos y botas se destinaba al calzado bélico, lo que se tradujo en una escasez de material para los zapatos de los civiles. Especialmente el cuero y el caucho, producido en el sudeste asiático, controlado en aquel momento por Japón. Las carencias se tradujeron en un periodo de racionamiento en el que todo funcionaba a través de cupones: en Reino Unido, un calzado de mujer suponía sacrificar cinco cupones, los de un hombre, siete. En Estados Unidos, donde el racionamiento se hizo efectivo en 1943, el programa tuvo un efecto rebote: como la locura por el papel higiénico o la levadura el año pasado, el New York Times se quejaba en junio de 1943 que la escasez se había convertido “en la mayor orgía por comprar zapatos en la historia de la nación”. La gente, temerosa de que se les expirase un cupón sin usar, acababa por comprar zapatos que en realidad no necesitaba.

Curiosidades aparte, a partir de la primavera de 1941 se les pidió a los fabricantes de zapatos en Francia que produjesen diseños para tipos de zapatos que no fuesen carne del racionamiento. Para mitigar la falta de cuero, se empezaron a usar de manera generalizada las suelas de madera. Andar con ellas era un problema: resultaban muy ruidosas y al ser tan rígidas, el paso era oscilante. Las bisagras que se intentaron añadir no solucionaron el problema, ya que las piedras se quedaban enganchadas. Perugia fue uno de los primeros en intentar una flexible, un hito que consiguió la compañía Heyraud. Para la parte superior se utilizaban todo tipo de materiales: cuero artificial, algodón encerado, fieltro tejido, paja, ratán… En invierno, los zapatos eran como zuecos con suela de madera también iban forrados de pelo, para abrigar. Como sucedería unas cuantas décadas más tarde con el zueco escandinavo, el zapato bávaro tradicional, el Haferlschuh, serviría de inspiración para una versión muy extendida, con cordones laterales y coloridos ribetes a contraste.

Aunque (afortunadamente) la situación no es comparable con la actualidad, 2020 volvió a traer a la palestra en numerosas ocasiones la capacidad de resiliencia de la moda y los esfuerzos que hizo entonces y ha hecho para seguir adelante. Combatir la austeridad a golpe de creatividad ha sido una de las máximas del sector. Y en tiempos de incertidumbre, fuese en mitad de la Segunda Guerra Mundial o en todas las crisis económicas y escándalos políticos de los convulsos años 70, los zuecos han sido testigos  en primera línea como lo están siendo los sanitarios de goma. Qué curioso que, en plena pandemia, su historia vuelva a repetirse, y este calzado sea, a efectos de búsquedas, uno de los más deseados del momento.

Modelo posando en 1970 con un crop top con capucha, calcetines y zuecos.
© Reg Lancaster
Modelo vistiendo chaqueta de cuadros de Ralph Lauren con chaleco de lana de Calvin Klein, calcetines hasta la rodilla y zuecos marrones (1976).
© Arthur Elgort

FUENTE: VOGUE

Cómo llevar rosa: el manual (de pasarela) actualizado de la primavera-verano 2021

,

Cómo llevar rosa será, para algunos, una tarea tan sencilla que ni siquiera merece consideración. Sin embargo, para otras personas, el escoger ese color que encierra toda la intención del rojo y la pureza del blanco es una declaración de intenciones estética que sitúa lejos de la funcionalidad y cerca de la fuerza que contiene la inocencia. Porque no, que sea un color asociado a lo dulce no le resta ni un ápice de brío, ni siquiera cuando el eléctrico fucsia da paso a otras tonalidades más pastel. Esas dos, junto con todos los matices que se pueden encontrar entre los extremos, y entre el que destaca el rosa chicle, han podido encontrarse de manera (casi) unánime en las pasarelas, convirtiéndose de inmediato en una de las grandes tendencias de primavera-verano 2021.

Las apariciones del color han sido tan numerosas que puede ser difícil incluso contabilizarlas: parece que no ha quedado propuesta sin salpicar, ya sea en piezas concretas, como faldas o camisas, ya sea en formato total look, tanto a través de trajes de chaqueta como de vestidos, una de las prendas más destacadas a la hora de crear con telas en color rosa. Pero incluso ahí hay variantes que escriben el nuevo manual sobre cómo llevar rosa, uno en el que importan, y mucho, los detalles.

En una camisa ‘oversized’

Aunque las camisas suelen preferir colores alineados con lo neutro, esto es, blancas y celestes (que a veces se combinan en las consabidas camisas de rayas de inspiración masculina), Pierpaolo Piccioli incluyó una en un rosa rutilante en la colección de primavera-verano 2021 de Valentino. El color no es extraño en las creaciones del italiano, ya que lo usó como vertebrador de su primera propuesta para la casa y, desde entonces, ha ido incluyéndolo en prácticamente todas sus temporadas. El tono aquí (con permiso de un vestido fucsia) es magnético y se ve compensado gracias a la simplicidad de las líneas amplias, en un patrón holgado y sencillo que actúa como contrapunto. 

En unos vaqueros

No se trata de la apuesta más obvia, pero quizás por eso es una de las más atrayentes de la temporada: dejar que el rosa tiña unos pantalones vaqueros. Aunque es complicado renunciar al sempiterno azul, los jeans blancos y negros ya enseñaron, en su momento, que el denim puede tener más vidas cromáticas. Si en Isabel Marant son pastel, en Chanel adquieren el tono de una golosina para traer de vuelta, una vez más, la década de los 80. ¿Las claves? Una hechura que no oprima las piernas y un efecto lavado estratégico (especialmente visible en las costuras).

En un vestido camisero XL

Si hay una firma y un director creativo al que mencionar cuando se trata de hablar de la nueva teatralidad, es Christopher John Rogers. Co altas dosis de brillo y sin miedo a las combinaciones de color, el diseñador estadounidense se ha posicionado rápidamente como uno de los nombres favoritos de los insiders y celebridades entre las que se encuentran, por ejemplo, Michelle Obama. Para su primavera-verano 2021 ha vuelto a rendirse a los estampados y los tonos vibrantes, pero resulta imposible obviar el vestido XL de corte camisero en tono rosa con, ojo, pantalones a juego. La estrategia es similar a la de las piezas anteriores, es decir, dejar que sea el color el protagonista al optar por líneas sencillas. El punto de diferencia lo ponen detalles como bolsillos y trabillas que añaden crudeza.

En un cárdigan

El punto es un tejido que si bien en los últimos años había ido adquiriendo una posición privilegiada en los armarios, en los últimos meses ha ocupado un lugar central. Tanto, que incluso las prendas más tradicionales que puede conformar, como son el jersey o el cárdigan, también son objeto de renovación gracias, principalmente, al color. Es por eso que firmas como Miu Miu han escogido el rosa para teñir una rebeca de inspiración deportiva, mientras que Cecilie Bahnsen suben la apuesta tonal  al tiempo que se adhieren a un patrón más tradicional. No hay que pasar por alto el hecho de combinarlo con otro tipo de rosa y de tejido más ligero para crear tensión entre opuestos.

En un vestido ‘boho’

Asociar el boho renovado, con un punto arty, a una firma como Chloé no es nada nuevo (las diferentes directoras creativas así lo han ido perfilando a lo largo de los años), pero sí puede considerarse como tal el que esa estética tan íntimamente ligada al blanco y los colores claros dé un giro hacia el rosa medio. Aquí, la aparente sencillez del vestido recto queda rematada por un pequeño plisado lateral y detalles de encaje floral, demostrando que el rosa tiene vida más allá de los tejidos uniformes.

En formato ‘total look’

A pesar de que el rosa que ha predominado en los desfiles de primavera tiene matices azules que lo colocan en la categoría de color frío (o al menos tendente a), también se han podido ver tonalidades más cálidas, como este rosa casi melocotón que se hizo protagonista en Prada gracias a un total look. De la camisa al pantalón de traje, pasando por el abrigo que dejaba los hombros al descubierto, nada escapa de ese color, salvo los accesorios; detalle a apuntar a la hora de combinar el rosa de manera diferente: con celeste y blanco.

En un vestido romántico

Decir rosa y vestido romántico en la misma frase supone una de esas redundancias en las que es un placer caer, y así volvió a quedar demostrado en, por ejemplo, la colección de Erdem. Tratándose de una de las casas que ha hecho del Romanticismo (en su concepción más literal) una estética relevante de nuevo, no es extraño que las mangas abullonadas y los largos hasta el suelo convivan con lazos, flores y altas dosis de delicadeza que se cristalizan tanto en colores brillantemente suaves como en bordados que los salpican. Conclusión: no hay que tenerle miedo a este dúo.

En un traje de chaqueta

El auge de la sastrería y su descontextualización ha ido provocando que las telas en las que se han cortado los trajes de chaqueta se desprendan del sambenito de lo serio para explorar otros territorios y colores, entre los que suelen destacar los pastel. Sin embargo, la apuesta de Olivier Rousteing para Balmain incluye en primavera el rosa neón para trajes estilizados de pantalones ajustados y hombros picudos que redefine, de nuevo, el power dressing.

En un vestido deconstruido

Al igual que la redundancia funciona, los opuestos, también. En este look de Philosophy di Lorenzo Serafini pueden encontrarse ambas ideas gracias a la combinación del tul con el rosa pastel, con los volúmenes y el escote off the shoulders que deja una sensación relajada y casi deconstruida. Eso, y el añadido de las botas de agua, claro.

En un vestido de verano

Es obvio, pero no por ello menos merecedor de ser reseñado. ¿Que cómo es ese vestido de verano destinado a llenarse de ese rosa rotundo? Como el de Roksanda: de manga corta, falda larga y silueta relajada enmarcada por detalles sencillos multicolor. 

FUENTE: VOGUE

“MIISTA CONQUISTA EL MERCADO INTERNACIONAL”

, , , ,

Creaciones arquitectónicas, elegantes, con cierto toque extravagante….con estos adjetivos no  es de extrañar que “MIista”  sea la firma de calzado que últimamente hace más ruido en las redes sociales.

En esta ocasión la diseñadora gallega, Laura Villasenin, elige uno de nuestros tejidos “Camping” para uno de sus diseños,  “IMPOSIBLE NO ENAMORARSE DE ELLOS”.