Looks nuevos con prendas de siempre (edición primavera-verano 2021)

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Los looks nuevos de primavera-verano 2021 pueden estar ya en tu armario. Porque la novedad no siempre reside en las compras de temporada sino en los trucos que se apliquen para conseguir que esas prendas y accesorios que ya tienes respiren aires nuevos. Mezclar piezas que jamás hubieras imaginado llevar al unísono –especialmente cuando son de estéticas diametralmente opuestas–, cambiar un diseño típico por otro que no lo es tanto o aplicar ciertos juegos cromáticos para “complicar” un conjunto son algunos de los trucos que te permitirán seguir las tendencias sin tener que recurrir a nuevas adquisiciones.

De ahí que entre las prendas y accesorios que encontrarás en este manual de estilo haya viejos conocidos de la estación como los vestidos de flores que triunfan temporada tras temporada o las camisas masculinas. Pero también hay espacio para otras menos habituales como los shorts tipo boxers –una de las grandes novedades del momento–, los botines cowboy más típicos del otoño o esas faldas de lentejuelas que llevas tanto tiempo sin llevar por razones obvias.

De cómo darle un giro de 180 grados al típico look working girl a las muchas posibilidades de las prendas de vocación masculina, pasando por la fórmula del “más es más” que te devolverá las ganas de volver a jugar con la moda: esto y mucho más en estos 12 looks nuevos de primavera-verano 2021 con prendas de siempre.

Algo inesperado

Las prendas: una camisa blanca oversize, unas bermudas de piel y unas sandalias de tiras finas.

Lo nuevo: cambiar la consabida falda entubada por unas bermudas para restarle sobriedad al look y ganar en modernidad.

El resultado: el clásico look de oficina resulta menos típico y más relajado pero sin dejar de lado su elegancia y minimalismo característicos.

© Jonathan Daniel Pryce

Accesorios que lo cambian todo

Las prendas: un vestido largo de flores, unas daddy sandals y un bolso XL de color pastel.

Lo nuevo: llevar un vestido largo con un calzado todoterreno en vez de las típicas sandalias sofisticadas y un bolso que se sale de lo convencional tanto en su estilo como en su tamaño.

El resultado: sin tener que renunciar a llevar un vestido clásico, los accesorios de estética opuesta le aportan un giro de 180 grados.

© Jonathan Daniel Pryce

Una prenda imprevisible

Las prendas: una camisa satinada, unos pantalones cortos tipo boxer y un collar de perlas.

Lo nuevo: apostar por una prenda masculina e imprevisible –adiós, shorts vaqueros; hola, boxers masculinos– y combinarla además con piezas elegantes.

El resultado: un look fresco, cómodo y apetecible que se sale de lo establecido prescindiendo de las típicas prendas de verano.

© Jonathan Daniel Pryce

El toque final

Las prendas: un vestido de manga larga, unos pantalones del mismo color y unas sandalias minimal.

Lo nuevo: llevar un pantalón debajo de un vestido largo, un toque sutil –siempre que se haga en el mismo tono y tejido– pero muy de tendencia esta temporada.

El resultado: un look aparentemente discreto que necesita de una segunda mirada para entender dónde está la magia.

© Søren Jepsen / The Locals

Opuestos que se atraen

Las prendas: una camisa masculina, una falda de lentejuelas y un bolso baguette de aires vintage.

Lo nuevo: combinar dos prendas que parecían condenadas a no entenderse porque representan dos caras de una misma moneda –femenino vs. masculino; nocturno vs. diurno–.

El resultado: un look cuya esencia reside en que parece improvisado y que, además, funciona 24/7.

© Jonathan Daniel Pryce

El nuevo monocolor

Las prendas: un body de color verde olvida, una falda de piel a juego, unas sandalias verde rana y un clutch verde agua.

Lo nuevo: combinar prendas de la misma gama cromática pero en tonalidades muy diferentes entre sí poniendo en práctica el nuevo monocolor.

El resultado: un look discreto y monocromático que, sin embargo, no pasa desapercibido gracias a los accesorios que rompen con las combinaciones cromáticas típicas.

© Jonathan Daniel Pryce

Más es más

Las prendas: un blazer de color pastel, una camiseta estampada, una falda con animal print y un bolso de cuentas.

Lo nuevo: atreverse a combinar prendas tan llamativas en un mismo look sin hacer ningún tipo de concesiones al fondo de armario discreto.

El resultado: un look que desprende personalidad, que huye del minimalismo y que recupera nuestras ganas de jugar con la moda. 

© Jonathan Daniel Pryce

Un giro 2000s

Las prendas: un body de tiro alto, un pantalón ancho de cintura baja y unas zapatillas.

Lo nuevo: combinar un body con un pantalón de cintura baja para dejar asomar centímetros de piel en un gesto de inspiración años 2000.

El resultado: un look sencillo pero muy atrevido que juega con las prendas y los trucos típicos de la década que es tendencia esta temporada.

© Jonathan Daniel Pryce

Adiós convencionalismos

Las prendas: un vaquero blanco, una camiseta blanca, una camisa de manga corta con flores estampadas y unas zapatillas de running.

Lo nuevo: recurrir al estampado más típico de la primavera-verano, las flores, con una prenda de inspiración masculina y combinándola con un calzado deportivo.

El resultado: un look que prescinde de las prendas típicas y rompe con los códigos más habituales de la estación sin dejar de ser muy fresco y primaveral.

© Søren Jepsen / The Locals

El vestido renovado

Las prendas: un vestido de flores con silueta wrap y unos botines cowboy.

Lo nuevo: combinar el típico vestido francés con un calzado que poco o nada tiene que ver con las clásicas alpargatas de cuña de esparto.

El resultado: un look de aires nuevos y un poco osado para las que están cansadas de sus vestidos florales de las anteriores temporadas pero no quieren deshacerse de ellos.

© Soren Jepsen

Un ‘double denim’ estival

Las prendas: una cazadora vaquera de color blanco, unos jeans del mismo color y un bralette negro.

Lo nuevo: poner en práctica el double denim pero con piezas vaqueras de color blanco y un sujetador a la vista para darle un giro más estival.

El resultado: un look total denim menos tradicional y, sobre todo, apto para temperaturas más altas.

© Søren Jepsen / The Locals

El grunge 3.0

Las prendas: una camiseta de manga larga, un vestido floral y unas zapatillas Converse con plataforma.

Lo nuevo: probar esta combinación de vestido con camiseta debajo, una mezcla típica de los años 90, en 2021.

El resultado: a pesar de parecer un look poco novedoso, rescatarlo en 2021 tiene todo el sentido del mundo porque el grunge también será tendencia el próximo otoño.

© Søren Jepsen / The Locals

FUENTE: VOGUE

El plástico también ha llegado a la atmósfera

La mayoría procede de los neumáticos de los coches pero también de la agricultura y el mar

Los coloridos microplásticos vistos al microscopio destacan sobre el filtro de aire de una estación de un parque nacional de Estados Unidos.

Los plásticos ya están en todas partes: en el mar hay miles de millones de toneladas, han llegado hasta el polo norte y también a las montañas. El único espacio que les quedaba por conquistar era el aire y diversos estudios muestran que ya lo han hecho. En forma de microplásticos pueden recorrer todo el planeta permaneciendo en el aire hasta una semana antes de volver a caer en la tierra de la que salieron. Esto cerraría el llamado ciclo del plástico, una circulación similar a la del agua o la del carbono, pero esta vez generada por los humanos.

Desde que en 1907 el químico Leo Baekeland creara el primer plástico sintético, la baquelita, la producción de plástico no ha dejado de aumentar. Pero la explosión se produjo tras la II Guerra Mundial: la fabricación de fibras y resinas plásticas pasó de 2 millones de toneladas en 1950 a 380 millones en 2015. En total, hasta ese año se han generado unos 8.300 millones de toneladas y el 80% ha acabado en los vertederos o en el medio ambiente. Aquí acciones humanas y procesos naturales lo han ido moviendo. Ya sea por filtración o arrastre, los plásticos, cada vez más pequeños, se han ido infiltrando en el subsuelo o llegando hasta el mar. Pero hay otra ruta y es de doble sentido: también llegan a los océanos por el aire y, desde estos, vuelven a la tierra de nuevo volando.

Investigadores del Instituto Noruego de Investigación del Aire (INIA) comprobaron el verano pasado cómo los neumáticos de los coches (hechos en su mayoría de plásticos derivados del petróleo) expulsan al aire trocitos con cada frenazo, derrape o aceleración. Estimaron entonces que hasta 140.000 toneladas de restos de ruedas llegaban a los mares llevadas por el viento. Aquel trabajo se basaba en cálculos del desgaste de los neumáticos en el norte de Europa. Ahora un nuevo estudio añade una capa de datos recogidos en una decena de estaciones ubicadas en la mitad oeste de Estados Unidos y confirman los cálculos de los noruegos.

En las estaciones de calidad del aire de los parques nacionales de Estados Unidos hay microplásticos llevados allí desde el océano

JANICE BRAHNEY, BIOQUÍMICA DE LA UNIVERSIDAD ESTATAL DE UTAH (ESTADOS UNIDOS)

La bioquímica Janice Brahney, de la Universidad Estatal de Utah (Estados Unidos), es la principal autora de esta investigación con las estaciones de calidad del aire de los parques nacionales de EE UU. Su trabajo tuvo dos partes; por un lado, detectar que los plásticos habían llegado a los principales iconos de la conservación de ese país, como el parque nacional Joshua Tree o el del Gran Cañón. Datos que publicaron el año pasado. Ahora acaban de publicar en PNAS un refinado análisis de las partículas detectadas y, por medio de un modelo atmosférico, han estimado su origen.

Calcularon que solo sobre los parques nacionales de EE UU caía una lluvia de plástico de entre 1.000 y 4.000 toneladas al año. “Si lo escalamos, serían unas 22.000 toneladas sobre Estados Unidos, aunque probablemente esté infraestimado”, dice Brahney. Casi el 84% de los microplásticos (menos de cinco milímetros diámetro) que encontraron viene de las carreteras, en su mayoría de los neumáticos aunque también hay aportaciones de los frenos y el propio asfalto. Otro 11% vendría del océano y un 5% del campo. Aquí, se trataría tanto de plásticos agrícolas que se han ido degradando como de las partículas plásticas presentes en el abono procedente del tratamiento de las aguas residuales urbanas, los llamados biosólidos.

Pero el dato más sorprendente es el bajísimo porcentaje de los microplásticos de origen urbano, apenas un 0,3%, cuando las ciudades son las grandes generadoras de contaminación plástica. Lo explica Brahney: “A nosotras también nos sorprendió, al principio. Pero tiene sentido, ya que estas partículas necesitan ser elevadas lo suficientemente alto en la atmósfera antes de que puedan viajar largas distancias. Los edificios en las ciudades interrumpen el flujo del viento, lo que dificulta que recoja partículas en la superficie del suelo”. Así que las ciudades pueden ser el punto desde el que el plástico llega al entorno, “pero las carreteras son desde las que los plásticos entran en la atmósfera”, completa.“Con décadas de contaminación acumulándose en los océanos, ahora hay más plástico que sale del mar por el aire”

El camino convencional del plástico convertido en residuo comienza en las aglomeraciones humanas y tiende acabar en el mar. Allí el plástico no se destruye, solo empequeñece hasta un nivel microscópico. La mayoría queda flotando en la capa más superficial del agua, donde la radiación solar y la erosión lo reducen cada vez más. Es cuando los peces, las tortugas o las aves marinas creen que es comida de colores llamativos y olores atractivos. También es cuando el oleaje y el viento elevan grandes cantidades de microplásticos que entran en la circulación atmosférica como lo hace el polvo del desierto o las partículas de la combustión. Esto explicaría aquel 11% de microplásticos de origen marino observado en el estudio.

La existencia de una ruta aérea, más allá de la cantidad transportada, confirma la existencia de un ciclo del plástico. De hecho en el trabajo de Brahney y sus colegas, han estimado que llegan más microplásticos a la tierra desde el mar que desde la superficie terrestre a los océanos. “Muchos suponían que la atmósfera podría ser solo otro vector del movimiento de plásticos hacia el océano, pero con décadas de contaminación acumulándose en el mar, ahora hay más plástico que sale de él por el aire”, sostiene la bioquímica.

Roland Geyer es profesor de ecología industrial y prevención de la contaminación de la Universidad de California en Santa Bárbara (EE UU). También es coautor del estudio que estimó el total de plástico producido por los humanos mencionado más arriba. “Desde tu artículo de 2017, hemos añadido otros 1.400 millones de toneladas métricas de plástico, así que la producción acumulada llega ahora hasta los 10.100 millones de toneladas”, destaca en un correo. “Desafortunadamente, la pandemia de la covid ha aumentado aún más nuestra dependencia del plástico de un solo uso”, dice Geyer.

Desde 1907, los humanos han fabricado 10.100 millones de toneladas de plásticos.

Su colega de la Universidad de Cádiz Andrés Cózar lleva años investigando la contaminación plástica, en especial en el mar. Sobre el ciclo del plástico destaca que lo único que se puede asegurar “es que sus efectos serán a escala global”. Pero le preocupa todo lo que no se sabe: “Es un sector tan grande, son tantos tipos de plásticos, desconocemos su impacto a largo plazo en el medio o en los seres vivos o la salud humana”.

Cózar cree que la introducción de mecanismos que ayuden a la degradación del plástico ya en el inicio de su fabricación podría reducir la cantidad de microplásticos que alimentan el ciclo. Y señala una investigación publicada la semana pasada en Nature. En ella científicos estadounidenses introdujeron unas enzimas en los polímeros. El gran problema del llamado plástico biodegradable es que, al compostarlo, necesitaría años o décadas para descomponerse (romper las cadenas de carbono). Sin embargo, estas enzimas se reactivan al someterlas a calor y agua y se ponen a hacer lo saben: comer poliéster y en unos días el plástico se reduce a su nivel molecular. Lo siguiente que quieren hacer es aplicarlo a otros tipos de plástico.

FUENTE: EL PAIS

Los zapatos de primavera-verano 2021 que serán tendencia

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Los zapatos de primavera-verano 2021 se caracterizan especialmente por su comodidad: de los diseños planos con plataforma –las flatforms, inspiradas en los 90 o en clave artesanal– a la reinterpretación más confortable de las chanclas de toda la vida –las chunky flip flops, bautizadas así por su suela gruesa–, pasando por las versiones sofisticadas de las slippers o zapatillas para estar en casa –con las furry slides a la cabeza–, está claro que las tendencias de la próxima temporada en materia de calzado también reflejan ese viraje generalizado hacia el confort. Una macrotendencia que también se deja entrever en la continuación de la apuesta por los kitten heels, el tacón más sensato por el que abogan Raf Simons y Miuccia Prada; en la ubicuidad de las bailarinas –mezcladas con gorras, como propone Hedi Slimane en Celine– o la consolidación de los zuecos, el calzado nicho preferido de las expertas en moda que va más allá de los diseños tradicionales.  

Pero también hay espacio para las sandalias que triunfan verano tras verano, las de vocación artesanal, y para ciertas novedades como las de dedo de múltiples tiras que se complican hasta dar con las del debut de Matthew Williams en Givenchy, un diseño que divide en tres secciones los dedos del pie y que viene acompañado de unos calcetines ad hoc. Los salones de vocación clásica con tobillera y los modelos con apliques de eslabones, un detalle que viene de la temporada anterior, también están incluidos en este resumen (visual) de todos los zapatos de primavera-verano 2021 que serán tendencia.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Givenchy, Balenciaga, Gabriela Hearst, Molly Goddard, Coach, Proenza Schouler, Rosetta Getty y Celine.
© Gorunway.com

Los ‘slippers’ o zapatillas de estar en casa

No importa si tienen la silueta de las clásicas slides –como en el caso de Givenchy– o si llegan en forma de babucha y sucedáneos, las sandalias más cómodas y de tendencia de la temporada son, consecuencia de la pandemia, una versión sofisticada de los slippers o zapatillas de estar en casa. Ya sean de acabado furry como en Balenciaga, Celine, Molly Goddard  o Coach; de tejido trenzado como en Rosetta Getty y Gabriela Hearst o acolchadas como en Proenza Schouler, la clave está en su textura.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Altuzarra, Tod’s, Ulla Johnson, Versace, Gabriela Hearst y Simone Rocha. © Gorunway.com

Las ‘flatforms’

Tan cómodas como unas sandalias planas pero con varios centímetros de altura gracias a la plataforma, las flatforms serán las sandalias más buscadas de la primavera gracias a su comodidad y a su capacidad para estilizar la silueta. Encontrarás diseños de inspiración artesanal como en Altuzarra, Tod’s, Ulla Johnson y Gabriela Hearst; o muy noventeras como las de Versace y Simone Rocha –con eslabones o apliques de perlas respectivamente–. 

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Baum und Pferdgarten, Sportmax, Acne Studios, Givenchy y Khaite. © Gorunway.com

Las sandalias de dedo

A pesar de tratarse de la temporada más calurosa del año, no son pocas las firmas que han apostado por nuevas versiones sofisticadas de las sandalias de dedo llevadas sobre medias o calcetines. La clave de su reinvención, sin embargo, está en las tiras que rodean el pie: clásicas y atadas al tobillo como en Baum und Pferdgarten y Sportmax; con doble tira como las de Acne Studios; con triple tira pero, en este caso, recogiendo todos los dedos del pie como las de Givenchy o, simplemente, sobre los dedos y el empeine como las de Khaite.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Marina Moscone, Simone Rocha, Rag & Bone, Celine y Dior. © Gorunway.com

Las bailarinas

No solo de sandalias vive la temporada de primavera-verano: con permiso de los mocasines y de algunos diseños de cordones, las bailarinas son el zapato cerrado más deseado de la próxima estación. Además de la opción clásica de piel que propone Hedi Slimane para Celine –los estilismos son la clave para renovarlas–, existen otras versiones más sofisticadas: del modelo calado de Dior a las rosas satinadas e inspiradas en el ballet de Simone Rocha y Rag & Bone, pasando por las de apliques de Marina Moscone.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Simon Miller, Molly Goddard, Stella McCartney, Rag & Bone, Hermès y Bally. © Gorunway.com

Los zuecos

Lleva varias temporadas siendo una de las tendencias nicho en materia de calzado que más triunfa entre las expertas en moda así que no es de extrañar que los zuecos estén entre los zapatos de la primavera. Ahora bien, sin olvidar las opciones más tradicionales de cuero y ante con remaches vistas en Rag & Bone, Hermès, Bally y Stella McCartney; la gran novedad son las versiones tipo flatform de Simon Miller y Molly Goddard.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Miu Miu, Victoria Beckham, Prada, Tod’s, Valentino y Versace. © Gorunway.com

Los ‘kitten heels’

Los kitten heels que triunfaron sobre las pasarelas del otoño regresan en primavera en su faceta más estival gracias a originales diseños tipo mule de tonalidades vibrantes. Además de la nueva versión de las míticas Rockstud de Valentino, caben destacar el diseño de nylon con silueta dieciochesca de Prada, los que son un híbrido de unas zapatillas de fútbol de Miu Miu, los de eslabones de Victoria Beckham, los de piel arrugada de Versace o los de efecto cocodrilo con tacón transparente de Tod’s.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Coperni, Kenzo, Jacquemus y Stella McCartney. © Gorunway.com

Las ‘chunky flip flops’

Otro alegato a la comodidad son las chanclas con suela gruesa de la primavera, un diseño que hemos bautizado como chunky flip flops. Ya sean noventeras y con plataforma como en Coperni, con tiras de piel como en Jacquemus, de goma como en Kenzo o más clásicas como las de Stella McCartney, los estilismos sobre la pasarela sugieren que también las llevarás fuera del entorno de playa.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Altuzarra, Dior, Alberta Ferretti, Rosetta Getty y Nanushka. © Gorunway.com

Las sandalias artesanales

Las sandalias de vocación artesanal son otra de las grandes tendencias en calzado de la temporada. Sin dejar de lado su común denominador, siempre hechas en materiales naturales y de tejido trenzado, las siluetas varían de las babuchas de Nanushka a las slides de Rosetta Getty, pasando por las flatforms de Altuzarra o las planas con tiras de Dior y Alberta Ferretti.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Max Mara, Nina Ricci, Jacquemus, Vivienne Westwood y Dries Van Noten. © Gorunway.com

Los salones con tobillera

Aunque la temporada está marcada por el calzado cómodo, no podía faltar un pequeño guiño a los salones clásicos. Ante la duda sobre en qué zapato de tacón invertir esta primavera, te resolvemos las dudas: que sean con tobillera. Aunque Jacquemus y Nina Ricci proponen versiones de puntera fina y en blanco prístino, también existen las bicolor de Dries Van Noten, las negras y con tobillera triple de Max Mara o las rojas y de punta redondeada tipo Dorothy de Vivienne Westwood.

De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Victoria Beckham, Tom Ford, Versace y Givenchy. © Gorunway.com

Los diseños con eslabones

Si pensabas que los apliques de cadenas y eslabones eran flor de un día, ya te informamos de que seguirán estando presentes durante la primavera 2021. Y lo harán sobre altísimos mules como en Victoria Beckham, sobre sandalias con tobillera como en Tom Ford, sobre diseños con plataforma de aires 90s como en Versace o haciendo las veces de tira sobre el empeine como en los salones de Givenchy.

FUENTE: VOGUE

De la mochila de Louis Vuitton a la de Chanel: los nuevos bolsos de lujo se llevan a la espalda

La nueva normalidad pide dar prioridad a la comodidad, pero eso no significa que los bolsos pierdan protagonismo. Esta temporada llega el turno de las mochilas ‘it’

Es cierto que los bolsos no viven en estos tiempos su época de mayor esplendor. Y es que con salidas escasas y rápidas como una única fuente de exhibición, todo podría indicar que su momento ha pasado. Sin embargo, aun con todo en su contra, la necesidad de transportar bártulos varios (incluidos gel, mascarillas y demás) sigue siendo -si bien no tan ilusionante como de costumbre- tan real como hasta la fecha.

Todo esto, unido al hecho de que la nueva normalidad ha traído consigo una serie de cambios de paradigma -sí, nos referimos al auge de la comodidad y la utilidad frente a la estética– ha propiciado el caldo de cultivo perfecto para que, lejos de desaparecer, los bolsos más icónicos de todos los tiempos hayan encontrado una nueva forma de continuar siendo auténticos objetos de deseo.

Nos referimos con ello al auge de las mochilas y, en concreto, a las mochilas de lujo. Porque si en el podio de los it bags podemos encontrarnos con referencias tan universales como el Chanel 2.55, el Kelly de Hermès o los Monogram de Louis Vuitton, lo mismo puede ocurrir si lo que buscamos es una opción con dos asas que echarnos a la espalda. Porque todos y cada uno de estos modelos cuentan ya con su propia versión hecha mochila y, la verdad, no se nos ocurre mejor forma de combinar lo mejor de dos mundos.

Así, a clásicos atemporales como los ya mencionados, se unen además otros nuevos iconos como el Faye de Chloé o incluso los bolsos de nylon de Prada. Todos ellos, como ocurre con los anteriores, respetan el diseño original de sus primos hermanos los bolsos (o al menos reproducen detalles clave que nos invitan a asociarlos) pero suben la apuesta incluyendo ese toque extra de comodidad que brindan las dos asas.

Y lo mejor es que aunque en estos tiempos que corren resultan una alternativa perfecta para esas pequeñas escapadas caseras, todo indica que su adaptación a la normalidad una vez que todo pase será tan orgánica como estética. No en vano, prescriptoras de estilo como Marie von Behrens o Lucy Williams ya demostraron en su momento que las mochilas de lujo pueden ser el mejor complemento para elevar nuestros looks más casual o para acompañarnos en esos viajes en los que lo necesitamos todo con nosotras en todo momento, pero no queremos caer en el look turista. Todo, con el upgrade de originalidad que implica decantarse por una de estas versiones. ¿Se puede pedir más?

Mochila Palm Springs de Louis Vuitton

Teniendo en cuenta que Louis Vuitton nació como una firma de baúles de viaje, no sorprende que precisamente el equipaje siga siendo uno de sus fuertes. Su mochila Palm Springs es el ejemplo más claro de ello, ya que además de resultar extremadamente práctica y resistente, su estampado monogram la hace competir en protagonismo con cualquiera de los bolsos de la firma.

© Cortesía de Louis Vuitton

Mochila Faye de Chloé

Y si bien ya hemos hablado en ocasiones anteriores del calado del bolso Faye de Chloé en la cultura pop de las últimas décadas, su versión en mochila es capaz de interpretar lo mejor de su diseño adaptándolo a las necesidades del día a día. O, dicho de otra forma: prepárate para no querer salir sin ella.

© Cortesía de Chloé

Mochila Kelly de Hermès

Hablar de Hermès es hacerlo de la excelencia en marroquinería y, al igual que ocurre con sus bolsos, sus mochilas son probablemente unas de las más lujosas del mundo. El modelo Kelly reproduce el cierre con solapas de otros iconos de la firma y, sobre todo, se erige como una apuesta atemporal capaz de sobrevivir a tendencias al más puro estilo del Kelly.

© Cortesía de Farfetch

Mochila Chanel

Su acabado guateado y sus asas de cadena remiten inevitablemente al clásico 2.55, sin embargo, su diseño es perfecto tanto para llevar a la espalda, como para colgarla del hombro al estilo de nuestros años escolares y, además, existen un sinfín de variaciones vintage del concepto entre las que elegir.

© Cortesía de Reebonz

Pata de gallo: cómo y quién hizo que este estampado se volviera un clásico siempre en tendencia

Siempre de moda, el clásico estampado se recicla cada temporada para acompañarnos en nuestros estilismos más versátiles. Amamos las piezas en blanco y negro pero celebramos los colores que renuevan el tejido que todas queremos usar. En prendas protagonistas o en complementos que destacan nuestro estilo, sí a todo. ¿Qué hizo de este sello simétrico un ícono y cómo lo usamos en modo 2020? ¡Toma nota!

La pata de gallo o pied de poule es una trama que se caracteriza por la repetición simétrica de figuras abstractas de cuatro puntas que se asemeja a la pisada de un gallo, así de simple. Su historia comienza en la factura de los tradiciones tejidos de lana escoceses pero la aristocracia inglesa fue la encargada de popularizarlo. El Príncipe de Gales, hijo de la Reina Victoria, adoptó este tejido transformándolo en sinónimo de la elegancia masculina del siglo XIX. También el Duque de Windsor, conocido como el fashionista de la realeza, lo sumó a su extravagante vestidor en los 30s.

¿Cómo llegó al armario de las mujeres?

Claro que de la mano de la rupturista Cocó Chanel en los dorados años 20 y luego formando parte de la propuesta de Christian Dior en los 50s. Y así, los tejidos de identidad escocesa, comenzaron su trayectoria en la moda femenina transformando la sastrería en las piezas del nuevo lujo.

En la década de los sesenta, la revolución de la moda también habló en pied de poule. El tejido se adaptó a los equipos a go gó combinando suéteres con minifaldas y botas y se ganó un espacio en la bohemia de época. En los setentas fueron las francesas las que presumieron esta trama en ítems básicos que siguen su vigencia hasta el día de hoy.

Pero hablemos de la icónica Lady Di, llevó esta trama en los años ochenta como nadie y le dio el impulso necesario para ser un clásico de la elegancia sin límites de uso o edad. ¿Cómo transformar un equipo básico en blanco y negro en un statement de moda? Diana nos da cátedra con este ejemplo.

¿Cómo lo usamos hoy?

Las pasarelas dieron su veredicto y el tejido de pata de gallo protagonizó las propuestas más candentes de las semanas de la moda. Balmain, con Olivier Rousteing en la dirección creativa, nos recordó que una chaqueta en blanco y negro mezclada con denim puede ser la clave de un equipo apto oficina y por qué no, también apto after office¿Un dato? El cinturón es tu aliado, siempre.

¡A Cocó Chanel seguro le gusta esto!

Más Chanel no se consigue, este equipo es tan tradicional como fabuloso y Virginie Viard lo sabe. La propuesta otoñal de la casa francesa nos invitó a revalorizar los básicos de toda la vida y las piezas en pata de gallo no pueden faltar. Y no lo vamos a negar, a Karl Lagerfeld también le gusta esto.

En versión XL según Gucci

Una monoprenda ajustada por un lazo y realizada en tejido de pata de gallo puede funcionar, pero si el sello es XL te ganas tu lugar en el estrellato del street style y de eso se encarga Alessandro Michelle desde el podio más alto de la etiqueta italiana. Un dato: el shabot también está en tendencia.

Más es definitivamente ¡mejor!

Un traje puede ser nuestra fórmula perfecta, ¿pero qué pasa si salimos de la zona de confort y nos jugamos por una trama protagonista? Nada puede fallar y menos si nos accesorizamos para la ocasión. Sí a jugar con la paleta de colores en versión pata de gallo, elegí la que va con vos.

El abrigo que combina con todo y es para todas

¡Larguísimos! Así se usan los abrigos, cómodos y multifuncionales. El tejido de pata de gallo con sello maxi lo personaliza pero no deja de ser un básico que combina con todo nuestro vestidor, esa es la magia del blanco y negro.

Cuando un complemento marca la diferencia

Este bolso no solo descontractura un equipo bicolor si no que además la contraposición de tramas lo hace aún más sensacional. Es la prueba perfecta de cómo muchas veces un complemento es el look.

El patrón pata de gallo también es apto oficina

Las faldas tubo volvieron con todo, son ideales para combinarlas con nuestras blusas preferidas o los suéteres más comfy de nuestro clóset otoñal. ¿Pero si la versión es en pata de gallo con sellos XXS? No vemos la hora de sumarla a nuestros estilismos, de eso estamos seguras.

¡Cómo decirle que no!

Imaginemos un equipo en total black, cómodo, funcional y accesible, ¡divino! Pero recordemos que nuestro look habla, dice quiénes somos, nos relata. Entonces que diga lo mejor, ese outfit comodín, ese que nos salva en todas, puede ser muy personal con un complemento estrella. Por ejemplo, unos zapatos con esta clásica trama, ¿logró enamorarnos a primera vista? Afirmativo.

Los clásicos siempre son bienvenidos, pero lo mejor de ellos es que nos acompañan a seguir contando nuestra historia y eso siempre estará en tendencia.

FUENTE: VOGUE